Esta es una de las continuas secuelas de mi guerra personal contra el liberalismo y su descendencia. Sin embargo debo detenerme a explicar lo que quiero decir por "liberalismo", en vista de que la palabra tiene tantos usos en distintas partes de la
civilización occidental que deja demasiado espacio a confusiones. Esto es importante en vista de que buena parte de mis lectores son europeos.
Cuando hablo de liberalismo no me refiero a las líneas doctrinales de partidos que en Europa prevalecen entre los llamados "partidos liberales", y que son
identificados con la derecha. Por el contrario en Estados Unidos se usa la palabra liberal para hablar de las tendencias
izquierdistas del partido demócrata, que se parecen más a las líneas doctrinales de los partidos socialistas europeos. La pregunta obvia es, entonces, ¿qué liberalismo? Para responder a esta pregunta debo aclarar que mi discusión no es con el liberalismo de uso común en la política de las repúblicas, sino con la tradición de pensamiento que surge dentro del movimiento de la Ilustración (siglo
XVIII), cuya tendencia es progresista y se ramificó en múltiples doctrinas posteriores a partir del siglo
XIX (incluyendo al socialismo), y que se conoce comúnmente como liberalismo. Ahora bien, existe el liberalismo económico que es, en principio, un invento de los ingleses. Este liberalismo a mi no me interesa, en vista de que considero a la economía una ciencia
excesivamente práctica donde las líneas doctrinales son sólo demostración de ingenuidad, ignorancia y/o insensatez. Yo quiero hablar es de la tradición liberal que consigue a sus más grandes expositores en
Kant y
Stuart Mill. Especialmente su noción de individuo y las consecuencias
individualistas de sus filosofías (
denteológica en el caso de
Kant y
utilitarista en el caso de
Mill)
Leyendo un libro de un autor italiano muy importante,
Norberto Bobbio, me encontré con muchas de las
equivocaciones del liberalismo a la hora de clasificar los fenómenos políticos. A mi me resulta harta ideológica toda la tradición de pensamiento liberal, en vez de ser una genuina búsqueda de comprensión de los fenómenos políticos tal cual son. Entre esas
equivocaciones, la que considero más trascendental, la noción de libertad negativa que inicia Tomás
Hobbes. Digo
Hobbes porque es el primer gran autor en poner el centro de todo el análisis en la noción de "individuo" (noción que por lo pronto es equivocada, porque no existe tal cosa como "el individuo"). Estas nociones
hobbesianas han significado muchos errores, pero los que considero más
preocupantes son los que tienen consecuencias políticas.
Bobbio es un buen exponente de ese liberalismo político que considera que la democracia se resume en el Estado de derecho dirigido por partidos políticos a través de la elección libre de los cargos por sufragio universal. Esta visión de la democracia la consigo muy pobre y
reduccionista. Su respuesta a esta crítica es que existe una "democracia real" con la que nos tenemos que conformar y una "democracia ideal" que no es realizable en la práctica. Y si uno insiste demasiado en el argumento contrario entonces te señalan de totalitario. Todo esto me resulta desastroso en el campo de la ciencia, porque no se trata de cómo preferimos ser gobernados, sino de "qué es una democracia" y de "qué no lo es". La mayor parte de los países del mundo occidental de hoy a mi no me resultan ser tan democracias como dicen ser. ¿Por qué? Muy simple: porque la democracia resalta la soberanía de los ciudadanos comunes por encima de cualquier otra forma de estructura. En este sentido los partidos no resultan ser más que engañosas
élites que poco contacto tienen con sus electores. En tal caso el señor
Bobbio (quien habla en nombre de los liberales) considera que la democracia se limita a
procedimientos, pues, no son nada más que reglas de juego justas que hay que seguir. Afirma que no existe una esencia de la democracia. Todo se resume a reglas de juego. Este análisis es una demostración de una incapacidad para comprender los fenómenos políticos en su objetividad. Y no es culpa del señor
Bibbio, quien dentro de todo es una lumbrera de conocimiento. El no puede entenderlo de una manera más certera por un problema de carácter ideológico: que es liberal.
Ver la democracia como un asunto estrictamente de
procedimiento es tener demasiada fe en lo que los americanos llaman "
check and balance". Es decir, en el modelo de república ideado por
Montesquieu en el cual los distintos órganos del poder soberano del Estado se van a regular mutuamente para así evitar la concentración de poder. Esto es, en principio, correcto y demostrable por la experiencia histórica de varios países (especialmente en el ejemplo de los Estados Unidos de América). Pero tal realidad no es absoluta y un análisis que se quede en los
procedimientos es totalmente insuficiente para comprender los fenómenos políticos de las repúblicas democráticas. Pues, si no es así, ¿qué diantres sucedió en Venezuela, la república más estable y próspera de América Latina? A esta pregunta no pueden responder los liberales con certeza, porque su propia nube ideológica les impide ver la profundidad del problema. No compañeros, no se trata sólo de
procedimientos ni de "
check and balance". Por supuesto que sin estos
procedimientos no puede haber ni siquiera república. Pero ellos no son suficientes para sostenerla. Y aquí es donde avanzo en el tema que a los liberales les da taquicardia. Las repúblicas se sostienen porque existe un compromiso de deberes cívicos por parte de los ciudadanos hacia la cosa pública. Eso lo llamamos, nosotros los republicanos, virtud. A ellos "virtud" les
huele a
totalitarismo; pero es que a los liberales todo lo que no es como ellos
huele así. Si los
procedimientos democráticos contemplados en la ley no vienen acompañados de un compromiso por parte de los ciudadanos
comunes (no sólo de los políticos) en los asuntos de interés público, dichos
procedimientos no serán más que letra muerta. Venezuela es el mejor caso de ello. Y es que la democracia sí tiene contenido, y es lo que ignora el señor
Bobbio: que el contenido de la democracia es una masa crítica de ciudadanos
comprometidos con sus deberes hacia la cosa pública;
comprometidos en luchar contra la corrupción, en permanecer enterados, en no sólo acudir a las urnas, pero, además, mantenerse activos en la lucha por preservar esos derechos de libertad republicanos. La llamada sociedad civil:
organizaciones de ciudadanos en grupos que presión por el
funcionamiento correcto de los
procedimientos y la perenne queja frente al abuso de poder. La
participación activa en asuntos de interés público como el mejoramiento de los bienes de la república y la comunidad. A los liberales les aterra este discurso porque, de nuevo, les
huele a imponer criterios ajenos a ese sagrado individuo de ellos. Pero es que si se parte de una noción tan errada como la del individuo, por supuesto que no se puede comprender el deber cívico que
exige vivir en la libertad de la república.
Compañeros, hago un llamado a la reflexión política. Se cree demasiado que la política y los deberes son sólo
justificables cuando representan un beneficio al individuo, como si fuera una relación comercial de compra y venta. La política no se parece en nada a la economía. En la política está el
factor "poder" que es definitivo para comprender los fenómenos políticos. La política no se trata de un mercado de candidatos con los ciudadanos como demandantes. Es mucho más que eso. Se trata de
experimientar la libertad originaria que hace siglos vivieron los antiguos: la alegría y pasión de participar en los asuntos públicos, y la grandeza y orgullo que devienen de dicha
participación. Si estos valores no se educan en una república (como pretenden los liberales más consistentes con su propia teoría) esa libertad que se disfruta en el presente se está socavando para las futuras generaciones. La
virtud no se trata de imponer nada; se trata de promover y educar los valores de
civilitud que exigen la vida en libertad. Al final el hombre más consistente con sus propios principios liberales fue Tomás
Hobbes, y su solución al problema fue el absolutismo. ¿En qué forma de gobierno queremos vivir?
NOTA: muchas de las ideas aquí presentadas se las debo a la poderosa influencia de
Aristóteles,
Maquiavelo y
Hanna Arendt. Hoy en día hay una buena escuela de autores que reflexiona de manera similar entre los cuales he leído a
Skinner,
MacIntyre,
Sandel, y yo incluyo de manera poco ortodoxa al propio
Robert Dahl.