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miércoles, 25 de agosto de 2010

Heródoto y la Libertad


Un famoso pasaje de Heródoto me dejó cautivado anoche. Digo que es famoso, porque en el se explica sucintamente la superioridad moral de las comunidades libres frente a las sometidas. Este es otro de los temas que para los antiguos es axiomático, cuya prueba más espectacular es el resultado final de la guerras entre la confederación de ciudades griegas independientes contra el gigantesco Imperio Persa. El pasaje de Heródoto sigue a continuación del relato de la revolución democrática en Atenas, y de las reformas de Clístenes que llevaron a la abolición de la oligarquía, durante la última década del siglo VI a. C. El pasaje sigue:

"Entonces Atenas avanzó de fortaleza en fortaleza, y probó, si las pruebas fueren necesarias, qué cosa más noble es la igualdad ante la ley [ἰσονομία], no sólo en un respecto, pero en todos; pues mientras fueron oprimidos bajo tiranos, no tuvieron ningún éxito en la guerra como ningún otro de sus vecinos, más, una vez el yugo fue lanzado, probaron ser lo mejores guerreros en el mundo. Esto muestra claramente que, mientras estuvieron reducidos por la autoridad, ellos deliberadamente esquivaban el deber en el campo, como los esclavos esquivan el trabajo ante sus amos; pero cuando la libertad fue ganada, entonces cada hombre entre ellos estaba interesado por la propia causa" (Heródoto: Historias: V: 78).

Este hermoso pasaje es una demostración temprana de la magnífica sabiduría política de los Antiguos. Como la molicie de la paz desencadena debilidad o la fortuna que gira ante los más inesperados acontecimientos, la idea de ciudadanos libres en armas es una idea fija en el pensamiento democrático (y republicano), en la tradición clásica. El sentido del deber inspirado en la libertad de la igualdad (la igualdad ante la ley, la verdadera y única igualdad sustancial) hace de los comunes transeúntes en temibles patriotas. El sentimiento que llevó a las colonias inglesas de Norteamérica a derrotar definitivamente a los ejércitos profesionales de la Corona, o los ciudadanos franceses que marcharon por toda Europa bajo el mando de Napoleón, o el patriotismo inagotable de los soldados de Bolívar que, provincia tras provincia, iban destruyendo los residuos del tiránico Imperio Español, el valor y la convicción de un ejército de ciudadanos orgullosos de su país y de su libertad es una fuente de victoria que no tiene hasta ahora comparación.

Es por ello que yo insisto cada vez que se toca el tema: países como China no representan un peligro real a la supervivencia de Occidente. Un crecimiento abrumador del PIB, si no viene acompañado de una fiebre por la libertad, no se traduce en grandes victorias ni magistrales generales. Como Leónidas en las Termópilas, con un puñado de griegos detuvo por días a cientos de miles de persas, los Chinos y su nación de esclavos no tiene las condiciones espirituales para amenazar la existencia de nuestra cultura amante de la libertad. Un ejemplo de ello es el resultado de la Guerra de Vietnam, conflicto armado que para los Estados Unidos representaba una estricta lucha de intereses contra la Unión Soviética, mientras que para los vietnamitas representaba una guerra a muerte por la libertad. La desproporcionada superioridad de la gran potencia de poco valió contra un pueblo que lo dio todo por ser libre.

Amigos, la verdadera amenaza de Occidente, el motivo de su aparentemente inevitable disolución, es por causas internas. Porque ese amor por la libertad, ese orgullo en el patriotismo, esa convicción de superioridad, están dejando de existir. La desmoralización en tiempos de paz y su consecuente molicie, como tan tristemente lo demuestra el continente europeo, es el estado de cosas que está matando a nuestra civilización en un lento sueño aletargado.

lunes, 14 de junio de 2010

Por qué no soy Demócrata

Para responder esta pregunta voy a pedir, con su permiso, ayuda a una de las autoridades más formidables en materia de teoría democrática, cuyas palabras hablan por sí mismas. Alexis de Tocqueville escribe en Democracia en América:

"Se comprende que la centralización gubernamental adquiere una fuerza inmensa cuando se añade a la centralización administrativa. De esta manera acostumbra a los individuos a hacer abstracción completa y continua de su voluntad; a obedecer, no ya una vez y sobre un punto, sino en todo y todos los días. Entonces, no solamente los doma por la fuerza, sino que también los capta por sus costumbres; los aísla y se apodera de ellos uno por uno entre la masa común." (pg. 97)

"Pero creo que la centralización administrativa no es propia sino para enervar a los pueblos que se someten a ella, porque tiende sin cesar a disminuir entre ellos el espíritu de ciudad. La centralización administrativa logra, es verdad, reunir en una época dada, y en cierto lugar, todas las fuerzas disponibles de la nación, pero perjudica la reproducción de las fuerzas. La hace triunfar el día del combate, y disminuye a la larga su poder. Puede, pues, concurrir admirablemente a la grandeza pasajera de un hombre y no a la prosperidad durable de un pueblo." (pg. 98)

"Un poder central, por ilustrado y sabio que se le imagine, no puede abarcar por sí sólo todos los detalles de la vida de un gran pueblo. No lo puede, porque tal trabajo excede las fuerzas humanas. Cuando él quiere, por su solo cuidado, crea y hace funcionar tanto resortes diversos, se contenta con un resultado muy incompleto, o se agota en inputiles esfuerzos." (pg. 100)

"¿Cómo descansa la libertad de las cosas grandes en una multitud que no ha aprendido a servirse de ella en las pequeñas?
¿Cómo resistir a la tiranía en un país en que cada individuo es débil, y en donde los individuos no están reunidos por un interés común?" (pg. 104)


En este cuerpo pequeño de ideas está condensado el argumento central de por qué no soy demócrata en general, y de por qué no estuve de acuerdo con el programa de reforma de salud de Obama-Pelosi en particular. No niego que el sistema de salud norteamericano actual sufre de problemas considerables que deben ser atacados políticamente. El mercado actual se ha demostrado insuficiente. Pero reflexionemos un poco sobre la solución demócrata al problema. La legislación aprobada hace tan sólo unos meses centraliza en manos del Estado Federal la administración de los programas de seguro de salud de todos los Estados Unidos, incrementando en varios miles la cantidad de burócratas que tendrán que asumir tal responsabilidad, más el gasto público que lo acompaña. Gasto público de por sí no es necesariamente malo, a diferencia de como creen algunos economistas neoclásicos; pero el incremento excesivo de la burocracia si tiene consecuencias perjudiciales para el porvenir de cualquier república democrática.

La solución demócrata es centralizar, lo cual equivale a alejar aún más las decisiones de interés público de los primeros interesados: los ciudadanos norteamericanos. El fin último es asegurar la salud indispensable a todos los ciudadanos, y eliminar de una vez por todas la injusticia de una mala salud. Es decir, asegurar a los menos favorecidos por la suerte. Tal fin parece ser sin duda muy noble. ¿Pero a qué costo? ¿Estamos dispuesto a sacrificar el porvenir de toda una república para asegurar momentáneamente el bienestar de sólo algunos? ¿Es tal decisión racional y/o moral cómo se ha querido que creamos? Mi opinión ante tal cuestionamiento es clara: la libertad política de una república es un bien superior y trascendente, ante la salud de sus individuos particulares. El bien común se antepone al bien privado.

No soy demócrata porque temo que el Poder Federal, creciendo sin parar desde F. D. R., algún día sea indestructible, y abrume por completo las fuerzas conjuntas de los ciudadanos libres. No se equivoquen; la historia da giros repentinos, y el aparato burocrático de control centralizado que hoy en día se construye en los Estados Unidos puede muy bien servir los intereses de un futuro tirano. ¿Quién sabe? Los griegos y los romanos también tuvieron siglos de libertad, y el sueño concluyó con la tiranía de la monarquía macedónica primero y con la de los césares después. ¿Qué nos hace creer que nuestra cultura, o los Estados Unidos, son inmunes a los cambios repentinos de la historia? En Venezuela hace unas décadas se creía imposible una tiranía socialista: allí la vemos hoy.

El partido demócrata, tanto como el ala neoconservadora del partido republicano, ambos tienen una tendencia a centralizar funciones administrativas en el Poder Federal. Ambos quieren solucionar los problemas nacionales con grandes coluciones burocráticas. Tocqueville lo plantea muy bien "De esta manera acostumbra a los individuos a hacer abstracción completa y continua de su voluntad; a obedecer, no ya una vez y sobre un punto, sino en todo y todos los días." A medida que el Poder Federal se apropia de funciones administrativas, está quitando a la base de los ciudadanos la capacidad de, por ellos mismos, asumir tales responsabilidades. Si bien es verdad que la centralización resuelve el problema inmediato, también es una verdad histórica que "la centralización administrativa no es propia sino para enervar a los pueblos que se someten a ella, porque tiende sin cesar a disminuir entre ellos el espíritu de ciudad." Y ni siquiera el argumento utilitario vale la pena pues "un poder central, por ilustrado y sabio que se le imagine, no puede abarcar por sí sólo todos los detalles de la vida de un gran pueblo."

Nunca demos la libertad por dada. Siempre existen amenazas y enemigos, y siempre existirán. Resolver todo a la forma europea, concediéndole al Estado central la administración más amplia de la cosa pública, cediendo entonces nuestro poder de administrarnos a nivel local, es crear la estructura sobre la cual cualquier tirano del futuro puede sencillamente acabar con la libertad. El bienestar social no justifica jamás una disminución de la libertad. Al menos no en una república de ciudadanos libres. El absolutismo del bienestar social es para pueblos de súbditos, que sacrifican el valor trascendente de su libertad, a un poder extraño que le facilita todos los aspectos de su vida. Es un canje de libertad por seguridad. Los grandes pueblos son siempre libres, los pueblos pequeños disfrutan de los grandes monarcas y tiranos. En pocas palabras, los demócratas, con su ideología welferista, fundamentada en principios morales aparentemente justos, socavan la base sobre la cual toda la libertad estadounidense se construye: la autonomía de los Estados y el poder de los ciudadanos reunidos. Mejorar el bienestar general no es un objetivo lo suficientemente valeroso como para poner en riesgo la tradición de la libertad republicana. Por eso no puedo ser demócrata, y por ese mismo motivo no siento ningún aprecio por las tendencias centralizadoras de la pasada administración Bush. Es necesario un cambio de liderazgo en el partido republicano. Los demócratas no tienen solución.

viernes, 4 de junio de 2010

Por qué soy Republicano

Con un mes cumplido en la ciudad de Nueva York, siento que ya es buena hora para explicar los motivos por los cuales soy republicano. Esta es una ciudad muy liberal, y la etiqueta de republicano tiende a ser motivo para muchas confusiones. Explicaré un poco en qué consisten y los motivos por los cuales creo que la gente tiene esta opinión.

Existe una opinión más o menos difundida de que el partido republicano es un partido de oligarcas, de hombres de negocios, amigos de Wall Street, multimillonarios y petroleros. La experiencia de la administración Bush da mucho pie a esta creencia. Sin duda esa administración estuvo muy marcada por la presencia de hombres de los altos negocios del petróleo y otros amigos de la libertad de los Wall Street guys a hacerce millonarios. Pero no debemos olvidar que esto fue sólo una administración, un liderazgo históricamente concreto y delimitado; que no es motivo para universalizar sobre toda la base de principios republicanos del partido fundado por Abraham Lincoln e inspirado en el antiguo partido Demócrata-Republicano de Thomas Jefferson. A nadie le gustan los oligarcas. A mí tampoco me agradan en lo más mínimo. Pero he aquí los motivos por los cuáles yo soy republicano, motivos que representan mi convicción en valores que existen en el actual GOP, pero que han quedado apartados por esta visión neoconservadora de la política.

El primero y más importante de todos los principios, desde el cual parten todas las demás ideas republicanas: el patriotismo. En pocas palabras, la firme convicción de que mis intereses individuales, y los de mis allegados y partidarios, son necesariamente secundarios al lado del bien de la república. Todos somos naturalmente egoístas, pero el patriotismo es un llamado excepcional a sacrificar dicho egoísmo en el momento en el que el país al que uno pertenece exige un compromiso que nos puede incluso costar hasta lo más grande; la vida misma. Es la idea de que yo soy un ciudadano más, menos importante que el conjunto de toda la república, y más pequeño que toda su grandeza, por lo cual no está justificado de ninguna manera el sacrificar los interses de mí país por mis interses personales. En definitiva, creer que el bienestar de mí país está por encima de mí bienestar propio y del de cualquier otro pueblo, si llegasen a ser contradictorios (lo cual no pasa todo el tiempo).

Patriotismo viene del latín patria, la tierra donde naciéron mis antepasados; o lo que es similar, la tierra sobre la que yo un día seré el antepasado de mis descendientes. Es el sacrificio de uno mismo por la idea de la libertad que en el futuro disfrutarán mis descendientes y sus semejantes. Patriotismo sin libertad no existe, porque sólo la libertad nos hace iguales en tanto ciudadanos. La República exige la libertad y la igualdad entre los ciudadanos, porque sólo así yo puedo sacrificar mi bien individual por el bien que disfrutan todos mis semejantes; bien que vuelve a ser esa libertad e igualdad que me une al cuerpo civil entero. Ante todo la república, luego vengo yo. Ese es el principio republicano por excelencia y que es imposible en otras formas de gobierno donde algunos disfrutan de privilegios que a todos los demás le están excluídos.

El conservadurismo es el segundo principio que me lleva al republicanismo. Sin embargo, el conservadurismo no es más que una conclusión lógica del patriotismo. Porque si se trata de amar a la patria, se la ama tal cual es. El conservadurismo parte de la idea de que el país al cual amamos y del cual nos sentimos orgullosos, es un país que debemos cuidar con prudencia, y no dejarnos controlar por los deseos egoístas de seguridad personal que debilitan las bases de la república. La moral pública es la base espiritual más fuerte y profunda para la preservación de los valores de libertad e igualdad de la república. Sin esa moral, todo el sistema de derecho, todas las normas de convivencia, se quedan vacías de contenido, como un edificio abandonado y en ruinas que, al carecer de habitantes, podemos derrumbar sin muchos problemas. Nuevamente es el amor a nuestro país lo que nos lleva a conservar sus costumbres más antiguas, que no son necesariamente racionales. La moral privada es un problema del individuo con Dios; la moral pública es un problema mío entre mis semejantes con quienes comparto una vida y unos bienes en común: la república, su libertad y su igualdad expresadas en el derecho.

Soy republicano porque creo en el sacrificio del patriotismo, como una de las acciones más nobles y más engrandecedoras del espíritu humano. No me gustan los demócratas porque, por su ideología welferista, realzan y estimulan los deseos egoístas de los individuos por la seguridad personal y su voluntad de libertinaje por encima del bien de la república. El supuesto altruismo demócrata esconde un deseo profundo de asegurar mis deseos inmediatos del compromiso que me exige mi país. Al final no es más que hipotecar hoy, a través de la intervención del Estado, la libertad que nos va a ser necesaria en el mañana. Yo no estoy con el Estado, yo estoy con la República. El primero nos oferce seguridad, la segunda nos ofrece libertad. El primero nos cuida de todo daño, la segunda promueve nuestra grandeza espiritual. Y como dijo maravillosamente el presidente Kennedy, palabras que no deben ser olvidadas jamás: "No preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país."

miércoles, 26 de mayo de 2010

Jackson y el Republicanismo

"El retiro a mi vida privada me ha sido, por algún tiempo, un evento muy deseable. Pero ustedes han dicho que mis consecutivos servicios como juez serían útiles. Cuándo mis servicios son de tal manera llamados, ellos pertenecen a mi país, y su voz es obedecida."

Estas inspiradoras palabras pertenecen al presidente de los Estados Unidos Andrew Jackson, cuando todavía tenía poco más que treinta y un años, no soñaba todavía con ser presidente, pero ejercía un digno cargo como gobernador del estado fronterizo de Tennessee. Al rededor de su figura se tejió toda una leyenda de patriotismo. Pero lo que no se puede dudar es que, el impetuoso y rebelde Jackson era un patriota y republicano de corazón. Lo que voy a decir a propósito de ésto, vale para la gran mayoría de los países de Occidente.
Ahora cito esta frase de Jackson no tanto por una admiración personal al personaje. Estoy leyendo una biografía sobre él, pero todavía no me ha cautivado tanto como para admirarlo. Traigo a colación sus palabras, porque en ellas está expresada de manera puntual y elegante, uno de los principios del republicanismo más fundamentales: el servicio público. Tal idea no descarta que los individios comprometidos en la política no lo hagan por ambición personal o vanidad. Tales emociones son naturales en el ser humano, y las manifestaciones más profundas del carácter de un individuo no son tan importantes para la política como lo es su expresión exterior. Lo que la persona manifieste en público es lo que tiene importancia política; su carácter moral es ha Dios.
Lo sobresaliente aquí es ver la prioridad que tiene el servicio público por encima del bien privado. Hoy en día estamos muy acostumbrados a exigir y disfrutar tranquilamente nuestro bien privado (seguridad laboral, seguro de salud, buenos salarios más jubilación, en una palabra: seguridad, seguridad, seguridad), y olvidamos la importancia de nuestro deber con la república. Precisamente, el modelo de Estado de Bienestar (Welfare), es la respuesta al deseo de seguridad de los individuos, al miedo a la incertidumbre, y la solución ha sido depositar en el Estado y su burocracia, los recursos, la disposición y la responsabilidad de "asegurarno"; la consecuencia ha sido una reglamentación excesiva de la política, lo cual la ha hecho una materia de mera administración pública. Tal fenómeno no puede menos que hacer de la política un asunto aburrido y sin trascendencia, de papeleo y listas de espera. Ya no es aquél ideal de participación y autogobierno.
Las palabras del todavía no presidente Andrew Jackson son esclarecedoras, que se complementan de manera hermosa con la famosa cita de J. F. Kennedy: "No preguntes qué puede hacer tu país por tí; pregunta qué puedes hacer tú por tu país." Es decir, lo que podemos hacer nosotros por nuestro país nos obliga, en calidad de deber, a salir de nuestro escondite en la vida privada, y a comprometernos con el servicio público, con el bien de nuestro país, el bien que nos es común a todos los ciudadanos de una república libre. De allí la palabra república del latín: res (asunto) pública (común). Es decir, los asuntos que nos conciernen a todos como miembros de una comunidad de iguales. Nuestro deseo de preservar a toda costa la seguridad de nuestra vida privada, depositando la responsabilidad de velar por esta seguridad nuestra en la burocracia de Estado, nos ha alienado del espacio público, nos ha separado de nuestro deber para con nuestro país, y sin darnos cuenta regresamos al modelo monárquico de Estado, donde todo queda subordinado a una jerarquía burocrática, pero que esta vez es dirigida por un presidente electo o por un parlamento. ¿Dónde queda nuestra libertad política originaria si ahora todo se resuelve con un sello o una firma de un funcionario que no conocemos y que nunca elegimos?

Las palabras de Jackson son un recordatorio de cuál debe ser nuestra disposición para con la política, y no dejarnos engañar por los partidos y sus idiologías partidocráticas, que sólo buscan intercambiar nuestra libertad a cambio de una seguridad hoy, pero una gran incertidumbre del mañana.

jueves, 20 de mayo de 2010

Kandinski el Preso y Matisse el Desaparecido

A modo de nota, esta noticia que ya tiene años rodando, pero que es bueno recordar:

"De acuerdo al testimonio ofrecido por una importante autoridad del Museo del Louvre en París, años atrás conocidos personeros públicos venezolanos negociaron una pintura de Henry Matisse en la capital francesa, en donde trataban que una experta autenticara la obra.
Gracias a un video de seguridad de un banco, difundido luego por una cadena de televisión por suscripción mundialmente conocida, pudo ser identificada una dama de apellido Chacón (esposa de un entonces Alcalde caraqueño) o una hermana de ésta, como la persona que sacó el lienzo de la caja de seguridad de un banco parisino.
Las autoridades venezolanas no quisieron actuar. El cuadro se desapareció y se presume que habría ido a parar a México o Norteamérica. Pero hace poco supuestamente habría reaparecido en la mansión de Pedro Torres Ciliberto en la ciudad de Caracas.
No se descarta que un periodista y ex alto jerarca de la vida pública nacional venezolana y su hijo estén involucrados con la desaparición de “La Odalisca” de Matisse, que posiblemente no regrese al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, de donde se desapareció, sino pase a decorar la pared de algún "boliburgués"."
Ahora imaginémonos nosotros lo que puede suceder si el gobierno logra centralizar todas las obras de arte del país, y almacenarlas en bodegas. El robo de un Matisse ya es un acto de corrupción miserable, como lo puede ser el enriquecimiento personal a través de robarle a la nación las obras del arte universal que tanto le han costado adquirir y que con tanto orgullo preservamos. Estamos ante Alarico, los Vándalos y Atila. El gobierno del tirano Hugo Chávez ya no se basta con los miles de millones de dólares del petróleo venezolano; su sed de riqueza y de desbancar al país alcanza el nivel insólito de robo de arte. Ahora imagínense que el gobierno centralice la administración de todos los museos públicos de la nación. ¿Podremos seguir confiando que aquellos maravillosos cuadros de Botero no pasen de la noche a la mañana a ser copias misteriosas? ¿La gran colección de grabados de Picasso irá a sobrevivir? Esto me hace recordar una anécdota que nos contaba un profesor (y padrino de nuestra promoción) en la escuela de estudios políticos: de cómo grandiosas obras de Kandinski pasaron décadas escondidas en las masmorras de la Unión Soviética, por representar un arte "burgués" en vez de expresar las "realidades objetivas del proletariado". Y es que el pensamiento comunista más perverso ha penetrado en las mentes de los oficiales de la tiranía. Pero no sólo pensamiento comunista. Esta serie de cosas me recuerda a la famosa colección de arte universal que tenía Goëring en su residencia, todos robados de los museos de toda Europa, y que no regresaron a sus lugares de origen sino hasta la caída del nazismo.

En definitiva, y reiterando ciertamente sobre el tema, Venezuela está viviendo una tiranía foragida, que en su sed de poder, riqueza, y de vengar todo su recentimiento, está "raspando la holla" en todos los sentidos. Los millones del petróleo no les son suficientes (asumiendo los 100.000 barriles de petróleo subsidiado que el tirano envía duariamente a Cuba). Esta gente no tiene límites a su bandalismo destructivo. Es imposible no preguntarse después de esto, ¿qué irá a quedar en Venezuela? Todo indica que nuestra ruta es Cartago.

Si quiere leer más: http://www.eluniversal.com.ve/2009/12/03/til_ava_un-libro-reconstruye_03A3144893.shtml

domingo, 9 de mayo de 2010

Venezuela y la muerte del poder judicial

Venezuela se caracteriza por noticias insólitas, muchas de las cuales llenan de indignación. Si nos pusieramos a contar todas y cada una de ellas podríamos escribir libros enteros. Pero hoy quiero comentar uno de los casos más descarados de abuso de poder que el presidente Chávez ha desplegado en los ultimos meses: el caso de la juez María Lourdes Afiuni. Cuando esta emitió una sentencia de liberación del banquero Eligio Cedeño, quince minutos después se presentaron oficiales del gobierno y la pusideron bajo arresto. Se dice que contra éste señor Chávez tiene una rencilla personal. No me extrañaría si la decisión de arrestar a la juez por desacatar la voluntad del presidente fue tan rápida.

En todo caso, la noticia la pueden encontrar fácilmente en internet, y yo sugiero una versión reciente del Washington Post en: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/04/24/AR2010042401791.html

Ahora lo importante de este acontecimiento tan brutal es la demostración clara y a la luz del día de que la separación de poderes, principio universal de los sistemas republicanos libres, no existe en Venezuela. La presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales, ha tenido el descaro de decir poco antes del arresto de la juez Afiuni que "no podemos seguir pensando en una división de poderes porque eso es un principio que debilita al Estado". Este discurso entra perfecto dentro de la racionalidad tiránica del presidente Chávez. Y es que es cierto que debilita al Estado, pero debemos preguntarnos a qué forma de Estado.

De acuerdo con los principios constitucionales de Venezuela, la división de poderes es un principio fundamental de la república, porque, ya desde John Locke se sabe que, de concentrar todos los poderes del Estado en una sola magistratura, el depositario de tal poder tenderá a abusar de él y buscará eternizarse en el poder. Este es el principio de todas las dictaduras desde Julio César. Debilita al Estado en tanto aparato que sirve a los intereses de un tirano, y no a los de la libertad de los ciudadanos de una república de leyes. Es precisamente la división de poderes la que protege al ciudadano y sus derechos en contra de la arbitrariedad. Bueno, este principio tan ampliamente aceptado en Occidente está totalmente en cuestionamiento en Venezuela. Todo para servir a los intereses de Chávez de eternizarse en el poder. El momento cumbre de la demostración de que en Venezuela no existe ninguna forma de garantía legal ante el poder de un tirano es el encarcelamiento totalmente arbitrario de la juez Afiuni el diciembre pasado. No se puede seguir creyendo que Venezuela es una república democrática después de este acto. Quien lo crea cae en el descrédito: la hipocrecía o la ingenuidad más idiota. Y es que veámoslo desde esta perspectiva; los jueces son tales porque juzgan, y no se puede juzgar si el juicio propio no es independiente. De no serlo, no hay juicio y no hay juez. Sin jueces no hay poder judicial; tan sólo un teatro orquestado con el único propósito de engañar, de mantener un rostro de legalidad inexistente. En Venezuela el poder judicial murió hace mucho tiempo.

El gobierno ya lo acepta abiertamente: actúan contrarios al principio de la división de poderes. Es decir, actúan en contra de la constitución republicana per se; es decir, no sólo contra la constitución venezolana concretamente, sino en contra de la idea constitucional de la república como la entendemos idealmente. Con el aumento de los presos en Venezuela desde que comenzó este año, y con un poder judicial completamente subordinado a los intereses de la tiranía de Hugo Chávez, cómo alguien puede esperar tener las más mínimas garantías legales de libertad. Antes a los jueces los removían de sus cargos, lo cual era ya de por si un acto de arbitrariedad detestable, pues ahora los meten presos. ¿Qué clase de democracia hay en Venezuela? Tal idea es uno de los grandes oximorones de nuestra época. Hay que decirlo con toda claridad: Chávez es un tirano que busca destruir por completo los simientos de libertad de nuestra república fundados en la separación de poderes para poder gobernar de por vida y sin oposición alguna.

Sin autonomía del poder judicial es imposible el imperio de la ley y la libertad. La tiranía se combate allí donde esta nazca. Venezuela padece una tiranía que quiere jugar a ser democrática. No podemos dejarnos engañar por una triquiñuela tan antigua como Octavio. En un país donde mucho se ha impedido a través de la resistencia pacífica al régimen del tirano, pareciera que cada día más son necesarios los Brutus y los Casius, o los Pazzi, la solución irracional al drama nacional que vive Venezuela.

Amigos, la tiranía tiene dientes y muerde con furia. No podemos esperar que con buenas intenciones y palabras educadas esta retroceda ante nuestra demanda de libertad.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Lo público y lo privado: el error del liberalismo

Leer von Hayek es una cosa que me confunde extrañamente. No porque el autor sea complejo o utilice un lenguaje oscuro. Nada más lejano de la verdad. En esto los liberales sí son consistentes, y debemos admitirlo; escriben con claridad. Pero mi confusión parte de un deficiencia personal: estoy demasiado acostumbrado a las lecturas abstractas y a temas ontológicos, motivo por el cual me gustan los autores alemanes. Por el contrario los liberales, y particularmente los ingleses, escriben sobre temas prácticos y materiales; por ello el tema que más profundamente han desarrollado es la economía. Y a esto viene mi comentario: a la economía.

El austríaco von Hayek, uno de los padres del actual neoliberalismo, en su libro Camino de Servidumbre, plantea unos criterios bien interesantes y relevantes que no se pueden ignorar. En este sentido, el libro de von Hayek es un recordatorio importante sobre nociones que debemos tomar en cuenta a la hora de actuar en política y evitar convertirnos en agentes del totalitarismo. Y esto es fundamental, en vista de que el totalitarismo ha sido una de las experiencias más trágicas que la civilización Occidental moderna ha dejado para el recuerdo histórico. ¿Cómo llegamos a él? Es una pregunta que muchos han tratado de responder, y que creo que la escuela que no ha logrado entender el problema del todo ha sido el liberalismo. Si bien lo ha combatido ferozmente, no ha sabido comprenderlo (cuando digo liberalismo, realmente me refiero a la corriente utilitarista del liberalismo).

Volviendo a por qué me resulta confusa la lectura de von Hayek. En principio estoy de acuerdo con muchos de sus planteamientos prácticos que se resumen en la premisa de desconfiar de la planificación económica y social, prefiriendo la más modesta solución del libre mercado. Pero el problema no yace aquí, y esto es lo que me hace difícil la lectura de von Hayek y muchos autores liberales herederos de su pensamiento, como Bobbio. El problema, amigos, es que buena parte de los debates ideológicos de la modernidad posterior a la Revolución francesa están en principio errados. Se sitúan en un ring equivocado. Y quien inició este combate en territorio errado fue, precisamente, el utilitarismo inglés, cuyo primer exponente es Adam Smith. Todo comienza con un prejuicio que este filósofo de la economía sembró en la mentalidad Occidental, y desde entonces ha sido tan omnipresente, que los propios autores pierden noción de su existencia, tanto liberales como socialistas. Es la idea de que lo valioso en la vida está en las actividades productivas materiales, y cualquier otra forma de actividad humana es espuria o sin valor. Es decir, que la vida valorada está en la economía y la política es secundaria o sin importancia. Señores, en esta idea se ha fundamentado gran parte del debate entre liberalismo y socialismo, motivo por el cual ambos bandos están equivocados. Marx es, quizá, el hombre que ha llevado esta idea de Adam Smith a sus últimas consecuencias. Es creer que la economía es el campo donde el ser humano encuentra virtuosismo y la política es sólo retórica. Este error, aparentemente minúsculo, es, en mi opinión, el inicio de un debate desviado o parcializado que desemboca, como inevitable, en el totalitarismo.

Desde Adams Smith hasta nuestros días (o más puntualmente hasta la caída de la Unión Soviética), se le ha dado tanta importancia al ámbito económico de la condición humana, que los valores indispensables del ámbito político-social han sido ignorados, con consecuencias nefastas. El error primordial del debate ideológico posterior a Smith consiste en ignorar por completo, como si no existiera, el espacio público, cuya actividad es la política. Se creyó que tal cosa era indigna, y debía ser reducida a su mínima expresión (el Estado mínimo), y dar cabida a la libertad sólo a través del mercado, y de la actividad económica. Ahora, tal idea es engañosa, además de errada. Si leemos a los antiguos, especialmente a Aristóteles, vamos a descubrir que para ellos la diferencia entre vida pública y vida privada es clara e indiscutible. Claro que, dentro de esta cultura, la vida pública era mucho más respetable, y por ende, más merecedora de la reflexión; pero la vida privada no era negada ni ignorada (no olvidemos a los estóicos). A partir del siglo XVIII, en Occidente la vida pública es relegada y apartada de la reflexión. Todo se concentra, entonces, en la economía que pertenece a la vida privada. El problema está que, por más que la vida pública sea ignorada, esta no deja de existir, y continúa, inevitablemente, ejerciendo una influencia determinante en el acontecer histórico.

Marx, discípulo tanto de Hegel como de Smith, también busca la manera de destruir la política, no entendiéndola como el espacio público sino como el ámbito de la dominación y el sometimiento, y en su lugar entroniza a la economía como ámbito de la verdadera libertad humana. Aquí se da el primer paso importante hacia el totalitarismo, que consiste en hacer de lo estrictamente privado, lo público en sí. Mientras que Smith buscaba relegar lo público y elevar lo privado, Marx hace público todo lo privado, destruyendo lo verdaderamente público y desnaturalizando lo privado. ¿Por qué sucede esto? Básicamente porque, al despreciar lo público y la política, nos quedamos solos con la economía, y el debate gira en torno a la economía, y se convierte la economía en el objeto de la política; es decir, se convierte lo privado en objeto del poder político que no ha dejado de existir. Von Hayek también ignora todo esto, no precisamente por ser liberal, no por oponerse al socialismo, sino por creer que la condición humana se reduce al espacio privado y a la economía, ignorando la importancia fundamental del espacio público en nuestras vidas. La reacción natural de aquellos que sienten que pierden el valor de lo público, gracias a una noción interna, casi oscura del espíritu humano, que te indica que no todo es privado, que existe un universo de cosas en común con tus conciudadanos, es hacer pública a la economía. ¿Por qué? Porque lo verdaderamente político es ignorado por completo. Entonces, lo que debe ser público (lo que permite la verdadera libertad), no es tratado, es ignorado, apartado, dejado de lado por la política; en su lugar la política entra a debatir, regular y actuar sobre lo privado (sin lo cual la libertad tampoco puede existir): la economía.

Lo que me confunde de la lectura de von Hayek es que, si bien estoy de acuerdo con mucho de lo que defiende y contra aquello que critica y sobre lo que advierte, no lo termino de entender del todo, porque en ninguna parte existe en su discurso una consideración por lo verdaderamente político, que es el ámbito público de la condición humana. Entonces, cometiendo el mismo error de los socialistas, debate sólo en el ámbito económico cosas pertenecientes al ámbito político. Es por ello que el liberalismo nunca triunfa, nunca tiene consenso, siempre tiene oponentes mortales. Porque se construye sobre bases débiles, sobre una interpretación demasiado parcializada de la condición humana. Y mientras su oponente, el socialismo, insista en permanecer en el mismo error, serán los dos la tesis y la antítesis de la horrible síntesis que es el totalitarismo. Hay que rescatar lo público. No en lo práctico, porque en lo práctico lo público no ha dejado de existir. Hay que rescatarlo a nivel ideológico, a nivel epistémico: en la academia y en la ciencia. La primera persona que dio este paso fundamental fue Hanna Arendt, grandiosa por lo innovadora. Desde entonces, lo que hoy se llama republicanismo es el rescate intelectual de lo público a la política y devolver lo privado a la economía.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Comentario sobre "La nueva derecha estadounidense"

Acabo de leer un artículo de un tal Antonio Caño del famoso diario El País, de España. Lo pueden buscar con facilidad en su sitio web en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/nueva/derecha/estadounidense/elpepiint/20100213elpepiint_7/Tes

Hago este señalamiento porque tan sólo en los primeros dos párrafo este señor, el cual no tengo ni idea de quién es, hace en su artículo una demostración de ignorancia verdaderamente alarmante. Y digo alarmante porque este señor, que yo no se si es de izquierda o de derecha, lanza el juicio más falaz y escandaloso que se puede utilizar contra alguien o algún movimiento: "Fascista". Luego va y ridiculiza el gusto de los americanos por los candidatos de origen tradicional frente a la dignidad de los postgrados prestigiosísimos de Obama. ¿Quién es el elitista en todo esto? A este señor no le han dicho que la democracia nada tiene que ver con postrados, ni que nadie por haber estudiado en un lugar espectacular es más competente que otros. Pero bueno, él parece ignorar esto. Pero lo peor es utilizar ciertos ejemplos aislados de lo que supuestamente algunos gritaron en un evento público para decir que el movimiento conservador de Estados Unidos es racistas, nacionalista y fascista. Esto es, quizá, la demostración máxima de ignorancia.

Primero, en ningún país serio se puede estar en favor de la inmigración ilegal. Estados Unidos es un país forjado por inmigrantes donde la inmigración ha jugado un papel fundamental en su conformación. Pero hay algo que lo americanos insisten: debe ser legal. Si al señor Antonio Caño le parece que esto es un tecnicismo de ultra derecha, le sugiero que se revise y piense si tiene sentido permitir la invasión indiscriminada de su país, por ejemplo España y la peligrosa inmigración africana que el inepto de Zapatero no ha procurado combatir. Nadie dice que pateen a los inmigrantes; lo que los americanos exigen (tanto de derecha como izquierda) es que sea legal. Pero claro, la tradición legalistas de los Estados Unidos es uno de los factores centrales que los tienen donde están: en la cima del planeta.

Segundo, el señor Antonio Caño confunde las nociones de patriotismo y nacionalismo. Esto parecerá otro tecnicismo, pero nuevamente es otro de esos tecnicismos tan abrumadores que hace la radical diferencia entre el nuevo y el viejo mundo. Patriotismo es sentir amor por el país donde naciste, por el país que te trajo al mundo a ti y a tus antepasados (de allí patria del latín). Nacionalismo es fervor por la cultura y el pueblo que conformas. Son dos cosas tan diferentes como que dentro del patriotismo cabe la diversidad en vista de que una misma tierra y una misma república la compartimos entre varios de diferente procedencia. En el nacionalismo es todo lo contrario: es un concepto excluyente porque sólo contempla a las personas que forman parte de la nación, es decir, la etnia legendaria de la que descendemos. Compañeros, Estados Unidos es todo menos una nación. Es un país con tanta variedad cultural y racial que puede ser llamado una república que múltiples naciones. Pero tachar a un movimiento de nacionalista por ser patriótico es una demostración evidente de ignorancia, como hace el señor Antonio Caño.

Podría continuar despotricando contra este columnista que demuestra con creces el típico resentimiento de izquierda que sienten muchos hacia los Estados Unidos. Ese resentimiento alimentado por un país exitoso que logró superar muchos de los avatares que la gran mayoría de los países del mundo, y muchos de Europa, todavía sueñan en superar. Y el ejemplo más claro es el desprecio que este señor demuestra por el constante interés de los americanos de que sus representantes en el gobiernos provengan de una condición social sencilla. Ese origen social sencillo es virtud en las democracias, pero él, por supuesto, desprecia eso, porque en el fondo no es ningún demócrata, sino otro elitista más que no ha podido superar los complejos heredados del Ancient Régime Europeo.

domingo, 14 de febrero de 2010

Anti-americanismo en siete fáciles pasos

Me voy a tomar la libertad de citar literalmente una entrada en inglés de reciente publicación y que viene mucho al caso. También lo pueden conseguir en: http://americaintheworld.typepad.com/home/2010/01/antiamericanism-in-seven-easy-steps.html


Anti-Americanism in seven easy steps

The humanitarian catastrophe in Haiti is turning out to be a classic illustration of anti-Americanism in seven easy steps.

  1. Calamitous events take place in a chaotic place (think Bosnia, think Somalia, think Iraq in 1991).
  2. The U.N and the U.S intervene.
  3. The civil government proves to be useless or malign, or both. The U.N isn’t up to the job. The only effective force in sight is the U.S. According to today’s Guardian, John O’Shea, the head of Goal, a medical charity, has called on the U.S to take charge of the whole operation. So has a major U.S aid agency (“which declined to be named for political reasons”).
  4. There are only two possible outcomes.
  5. The U.S takes over. If this happens, it will be accused of “creating a military occupation under the guise of humanitarian aid” and “occupying” the country outright. (Apologies, my memory’s failing me. These criticisms have been aired already. The first quote’s from President Chavez of Venezuela. The second’s from Alain Joyandet, France’s “Co-operation Minister”.)
  6. The U.S doesn’t take over. If this happens, it will be criticised for “not doing enough” - and isolationism.
  7. So either way, the U.S loses.

I’m not a fully signed-up member of the Stars-and-Stripes fan club. But there are times when I think: who’d be an American?

Paul Goodman

miércoles, 3 de febrero de 2010

Libertad y participación

Esta es una de las continuas secuelas de mi guerra personal contra el liberalismo y su descendencia. Sin embargo debo detenerme a explicar lo que quiero decir por "liberalismo", en vista de que la palabra tiene tantos usos en distintas partes de la civilización occidental que deja demasiado espacio a confusiones. Esto es importante en vista de que buena parte de mis lectores son europeos.

Cuando hablo de liberalismo no me refiero a las líneas doctrinales de partidos que en Europa prevalecen entre los llamados "partidos liberales", y que son identificados con la derecha. Por el contrario en Estados Unidos se usa la palabra liberal para hablar de las tendencias izquierdistas del partido demócrata, que se parecen más a las líneas doctrinales de los partidos socialistas europeos. La pregunta obvia es, entonces, ¿qué liberalismo? Para responder a esta pregunta debo aclarar que mi discusión no es con el liberalismo de uso común en la política de las repúblicas, sino con la tradición de pensamiento que surge dentro del movimiento de la Ilustración (siglo XVIII), cuya tendencia es progresista y se ramificó en múltiples doctrinas posteriores a partir del siglo XIX (incluyendo al socialismo), y que se conoce comúnmente como liberalismo. Ahora bien, existe el liberalismo económico que es, en principio, un invento de los ingleses. Este liberalismo a mi no me interesa, en vista de que considero a la economía una ciencia excesivamente práctica donde las líneas doctrinales son sólo demostración de ingenuidad, ignorancia y/o insensatez. Yo quiero hablar es de la tradición liberal que consigue a sus más grandes expositores en Kant y Stuart Mill. Especialmente su noción de individuo y las consecuencias individualistas de sus filosofías (denteológica en el caso de Kant y utilitarista en el caso de Mill)

Leyendo un libro de un autor italiano muy importante, Norberto Bobbio, me encontré con muchas de las equivocaciones del liberalismo a la hora de clasificar los fenómenos políticos. A mi me resulta harta ideológica toda la tradición de pensamiento liberal, en vez de ser una genuina búsqueda de comprensión de los fenómenos políticos tal cual son. Entre esas equivocaciones, la que considero más trascendental, la noción de libertad negativa que inicia Tomás Hobbes. Digo Hobbes porque es el primer gran autor en poner el centro de todo el análisis en la noción de "individuo" (noción que por lo pronto es equivocada, porque no existe tal cosa como "el individuo"). Estas nociones hobbesianas han significado muchos errores, pero los que considero más preocupantes son los que tienen consecuencias políticas. Bobbio es un buen exponente de ese liberalismo político que considera que la democracia se resume en el Estado de derecho dirigido por partidos políticos a través de la elección libre de los cargos por sufragio universal. Esta visión de la democracia la consigo muy pobre y reduccionista. Su respuesta a esta crítica es que existe una "democracia real" con la que nos tenemos que conformar y una "democracia ideal" que no es realizable en la práctica. Y si uno insiste demasiado en el argumento contrario entonces te señalan de totalitario. Todo esto me resulta desastroso en el campo de la ciencia, porque no se trata de cómo preferimos ser gobernados, sino de "qué es una democracia" y de "qué no lo es". La mayor parte de los países del mundo occidental de hoy a mi no me resultan ser tan democracias como dicen ser. ¿Por qué? Muy simple: porque la democracia resalta la soberanía de los ciudadanos comunes por encima de cualquier otra forma de estructura. En este sentido los partidos no resultan ser más que engañosas élites que poco contacto tienen con sus electores. En tal caso el señor Bobbio (quien habla en nombre de los liberales) considera que la democracia se limita a procedimientos, pues, no son nada más que reglas de juego justas que hay que seguir. Afirma que no existe una esencia de la democracia. Todo se resume a reglas de juego. Este análisis es una demostración de una incapacidad para comprender los fenómenos políticos en su objetividad. Y no es culpa del señor Bibbio, quien dentro de todo es una lumbrera de conocimiento. El no puede entenderlo de una manera más certera por un problema de carácter ideológico: que es liberal.

Ver la democracia como un asunto estrictamente de procedimiento es tener demasiada fe en lo que los americanos llaman "check and balance". Es decir, en el modelo de república ideado por Montesquieu en el cual los distintos órganos del poder soberano del Estado se van a regular mutuamente para así evitar la concentración de poder. Esto es, en principio, correcto y demostrable por la experiencia histórica de varios países (especialmente en el ejemplo de los Estados Unidos de América). Pero tal realidad no es absoluta y un análisis que se quede en los procedimientos es totalmente insuficiente para comprender los fenómenos políticos de las repúblicas democráticas. Pues, si no es así, ¿qué diantres sucedió en Venezuela, la república más estable y próspera de América Latina? A esta pregunta no pueden responder los liberales con certeza, porque su propia nube ideológica les impide ver la profundidad del problema. No compañeros, no se trata sólo de procedimientos ni de "check and balance". Por supuesto que sin estos procedimientos no puede haber ni siquiera república. Pero ellos no son suficientes para sostenerla. Y aquí es donde avanzo en el tema que a los liberales les da taquicardia. Las repúblicas se sostienen porque existe un compromiso de deberes cívicos por parte de los ciudadanos hacia la cosa pública. Eso lo llamamos, nosotros los republicanos, virtud. A ellos "virtud" les huele a totalitarismo; pero es que a los liberales todo lo que no es como ellos huele así. Si los procedimientos democráticos contemplados en la ley no vienen acompañados de un compromiso por parte de los ciudadanos comunes (no sólo de los políticos) en los asuntos de interés público, dichos procedimientos no serán más que letra muerta. Venezuela es el mejor caso de ello. Y es que la democracia sí tiene contenido, y es lo que ignora el señor Bobbio: que el contenido de la democracia es una masa crítica de ciudadanos comprometidos con sus deberes hacia la cosa pública; comprometidos en luchar contra la corrupción, en permanecer enterados, en no sólo acudir a las urnas, pero, además, mantenerse activos en la lucha por preservar esos derechos de libertad republicanos. La llamada sociedad civil: organizaciones de ciudadanos en grupos que presión por el funcionamiento correcto de los procedimientos y la perenne queja frente al abuso de poder. La participación activa en asuntos de interés público como el mejoramiento de los bienes de la república y la comunidad. A los liberales les aterra este discurso porque, de nuevo, les huele a imponer criterios ajenos a ese sagrado individuo de ellos. Pero es que si se parte de una noción tan errada como la del individuo, por supuesto que no se puede comprender el deber cívico que exige vivir en la libertad de la república.

Compañeros, hago un llamado a la reflexión política. Se cree demasiado que la política y los deberes son sólo justificables cuando representan un beneficio al individuo, como si fuera una relación comercial de compra y venta. La política no se parece en nada a la economía. En la política está el factor "poder" que es definitivo para comprender los fenómenos políticos. La política no se trata de un mercado de candidatos con los ciudadanos como demandantes. Es mucho más que eso. Se trata de experimientar la libertad originaria que hace siglos vivieron los antiguos: la alegría y pasión de participar en los asuntos públicos, y la grandeza y orgullo que devienen de dicha participación. Si estos valores no se educan en una república (como pretenden los liberales más consistentes con su propia teoría) esa libertad que se disfruta en el presente se está socavando para las futuras generaciones. La virtud no se trata de imponer nada; se trata de promover y educar los valores de civilitud que exigen la vida en libertad. Al final el hombre más consistente con sus propios principios liberales fue Tomás Hobbes, y su solución al problema fue el absolutismo. ¿En qué forma de gobierno queremos vivir?

NOTA: muchas de las ideas aquí presentadas se las debo a la poderosa influencia de Aristóteles, Maquiavelo y Hanna Arendt. Hoy en día hay una buena escuela de autores que reflexiona de manera similar entre los cuales he leído a Skinner, MacIntyre, Sandel, y yo incluyo de manera poco ortodoxa al propio Robert Dahl.

jueves, 31 de diciembre de 2009

"Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones" San Agustín. Habría que preguntar, ya que esto se sabe desde hace dos mil quinientos años, por qué sigue sucediendo, y por qué Venezuela es el peor de todos los casos.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Reflexiones sobre el republicanismo

Si de republicanismo y ciudadanía queremos hablar, no podemos comenzar por ningún otro lugar que no sea en los autores clásicos, especialmente en Roma. Y es por ello que traigo a colación una frase que recientemente leí en Tito Livio, y que, de alguna manera, resume el grueso de la teoría republicana desde Maquiavelo hasta nuestros días.

Delegados de Locros se presentan ante el Senado Romano a protestar por las actitudes del legado militar Pleminio, dejado a cargo de la guarnición por Cornelio Escipión luego de la expulsión de dicha ciudad de los invasores cartagineses, y su representante, el más anciano, dice:

"Resulta difícil establecer cuál de las dos eventualidades es más detestable para una ciudad: cuando los enemigos la toman durante la guerra, o cuando un tirano funesto la oprime con la violencia y con las armas. Todo lo que padecen las ciudades tomadas lo hemos padecido y lo estamos padeciendo más que nunca, padres conscriptos; todas las atrocidades que cometen los más crueles e inhumanos tiranos contra los ciudadanos oprimidos las ha cometido Pleminio contra nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas" (Tito Livio, XXIX, 17, 19)

Sé que tiendo a utilizar mucho a Livio, pero no salgo de mi impresión cada vez que pesco una de estas poderosas afirmaciones de implicaciones mucho más profundas para el debate político de lo que a primera vista se puede ver. He aquí el debate sobre la libertad y he aquí la respuesta que nos dan los antiguos. Tomás Hobbes, el filósofo inglés, es el gran enemigo de esta tradición de pensamiento. Fue su verdugo en el siglo XVII, y todavía hoy existen sus defensores.

Compañeros, la verdad es que la noción de libertad negativa, es decir, la idea de que la libertad es el margen de la voluntad para actuar de acuerdo a sí misma sin interferencias extrañas es sencillamente una gran equivocación. Y una de las más bajas de las equivocaciones de la modernidad para el conocimiento, en vista de que buena parte del pensamiento moderno liberal y de sus ramas utilitaristas se fundamenta en este terrible error. La libertad no es el reino de las inclinaciones y su realización. No es en el individuo donde la libertad se encuentra. Es en la comunidad política, y es que la libertad es un fenómeno netamente político, no individual. La libertad se disfruta públicamente, no en el espacio privado. Cuando un semejante, cuando una persona igual a ti es oprimida, maltratada, vejada, esclavizada, eso también representa un acto de violación de tú persona, porque la libertad de nuestros semejantes, compañeros en la ciudadanía, es también nuestra libertad como personas. Por eso la idea liberal de vivir libres en nuestros hogares sin interferencia del Estado no es más que un prejuicio burgués.

Dos son los enemigos de la libertad tanto de una comunidad como de la persona en su individualidad. Los tiranos y las potencias extranjeras. No se es libre cuando se tiene a algunos como dueños. No se es libre cuando en tú país, aunque disfrutes de amplia licencia para hacer lo que la voluntad te dicte (como en Venezuela), está gobernado por un grupo de sujetos que a voluntad te pueden oprimir. Rescato del liberalismo su intención republicana, la idea de la ley como contención a la arbitrariedad, no para proteger los derechos de un individuo que no existe, sino para prohibir bajo cualquier circunstancia una relación de dominación donde unos se conviertan en dueños de otros. ¿Y qué es un tirano si no el amo de un país de esclavos? La libertad se trata de no tener dueño, por más pataletas que den los libertarios seguidores de Hobbes. No se trata de amplios márgenes de realización de la voluntad. Eso es una ficción; ya lo demostró así Kant. Se trata de compartir un país con semejantes a los cuales llamar ciudadanos porque ninguno es propiedad de la voluntad de nadie más. Y es a este principio al que debemos apelar.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Venezuela colonizada

Venezuela está siendo colonizada por Cuba. Chávez es su primer agente. Esto es un acontecimiento trágico que viene sucediendo desde hace años, pero ahora, en la cerrada del año 2009, el proceso está tomando un ímpetu sorprendente. La crisis de corrupción que rodea a los pequeños bancos privados que han sido tomados por el gobierno, toda ella mancha, salpica, o peor, empapa a varios altos y multimillonarios dirigentes del oficialismo. Los presos y perseguidos son reputados chavistas, que de la noche a la mañana se convierten en los empresarios más ricos del país, y que en el argot común de la política venezolana todo el mundo sabe que son testaferros de los líderes de la boliburguesía. Esta red de corrupción puede incluso estar vinculada con lavado de dinero de la droga que transita por Venezuela desde Colombia, y frente a una posible investigación de la DEA, el gobierno actúa preventivamente para no verse afectado directamente por un descubrimiento tan peligroso. De todos modos esto no es más que especulación de mi parte; la droga podría no tener nada que ver.

A lo que voy: Chávez hace un viaje inesperado a Cuba, pasa algunas horas reunido con Fidel y con Raúl, y a la mañana siguiente regresa a Venezuela anunciando la intervención de cuatro pequeños bancos privados y el arresto de Ricardo Fernández, el chivo expiatorio que carga con toda la culpa protegiendo a sus verdadero colaboradores. Algunos días después se interviene otro grupo de bancos similares. Todos propiedad de reconocidos chavistas, todos con la gran mayoría de sus depósitos por parte del Estado. El gobierno interviene y el dinero ha desaparecido. Los corruptos le han robado a toda la nación, y el oficialismo cierra las santamarías dejando a los privados particulares sin su dinero. Ayer el presidente anuncia la destitución de Jesse Chacón, uno de los colaboradores más cercanos de Chávez. ¿Por qué? Estos casos de corrupción ya llevan cinco años siendo denunciados por la oposición. ¿Qué elemento fue determinante para que Chávez de la noche a la mañana comience una purga en los elementos más confiables de su gobierno? Y de hecho la decisión fue de a noche a la mañana, fue en esa noche en la que Chávez se reúne personalmente con Fidel y Raúl Castro en Cuba.

Mi deducción de todo este asunto es que, lo que ya se conoce, que los cubanos están infiltrados en Venezuela hasta el cuello, especialmente en las agencias de seguridad, está profundizándose en una suerte de fase final. Los cubanos, que tienen un control psicológico sobre el presidente Chávez, ya bien sea porque Fidel lo tiene colonizado ideológicamente, bien sea porque Chávez está enamorado de Fidel (tesis que suena descabellada, pero puede ser verdad), están terminando de tomar el control de todo el Estado Venezolano. No sólo nos exprimen nuestras riquezas, sino que, además, han comenzado una purga donde los más cercanos colaboradores del presidente, el chavismo endógeno independiente de la dominación de los cubanos, está siendo desplazado del poder. El profesionalismo de los organismos de inteligencia cubanos puede que tengan desarticulados al sector armado nacional, o a cualquier forma de brazo armado de la revolución, con lo cual se aseguran tener el control de país para continuar robando nuestros recursos. Con esta suerte de nuevo colonialismo, que todavía está en hipótesis y quedará para el futuro descifrar lo que realmente está sucediendo, la pieza fundamental que sostiene todo el sistema es el presidente Chávez, el cual se ha subordinado plenamente a la opinión de Fidel Castro, lo cual en lenguaje común se llama traición a la patria.

La próxima confrontación de consecuencias políticamente sensibles son las elecciones del 2010. Veamos qué sucede, y si los cubanos aceleran su esquema de colonización en vista a una posible derrota electoral del oficialismo o a la patente desestabilización del sistema, ocasionada por descontento popular en vista de la crisis de servicios públicos y la galopante inflación.

viernes, 13 de noviembre de 2009

La Guerra es la coartada de la Tiranía

El presidente Chávez amenaza con la guerra. En sus últimas locuciones por radio y televisión ha incrementado la tensión entre su gobierno y el estado colombiano. Al mismo tiempo ha polemizado internamente para poner a los venezolanos en tres y dos, como se dice comúnmente en el béisbol. Estamos con Chávez o somos traidores a la patria. Esto es explícito, no tiene cabida a interpretaciones. El presidente Chávez no sólo amenaza a Colombia con la guerra; también nos amenaza a los venezolanos. Es claro que este conflicto es inventado por el gobierno y que las supuestas amenazas de Colombia son simplemente un teatro. ¿Cómo saberlo? Primero por el historial que tiene este gobierno con las FARC, y segundo porque el gobierno del presidente Uribe está agotando literalmente todos los mecanismos legales internacionales para solventar la crisis diplomática, incluso acudiendo a la OEA, organismo que como todos sabemos, es carente de cualquier autoridad en vista de su irresponsable oportunismo. El gobierno de Colombia está jugando diplomáticamente mientras Chávez quiere polemizar a través de las armas. ¿Por qué? Porque una crisis diplomática no rinde suficientes frutos a nuestro megalómano presidente.

Y es aquí donde se evidencia la mascarada del gobierno de Chávez. Una guerra con Colombia (o la sola amenaza de ella), si bien es una jugada durísima y muy arriesgada, puede traducirse en importantes victorias políticas internamente para el proyecto personalista y tiránico del presidente. Los posibles beneficios de esta mascarada son los siguientes:

1) Polemizar con un enemigo externo podría lograr agrupar a sectores del país detrás de la autoridad del presidente Chávez. Sectores que se están alejando de él en desbandada, en vista de la desproporcionada crisis de servicios públicos (agua y luz principalmente) que se cierne sobre Venezuela. La vasta mayoría de ciudadanos mínimamente pensantes reconocemos que tal crisis de servicios no es culpa de nadie más ni nadie menos que de los propios funcionarios del gobierno del presidente. Chávez trata de desviar la atención y de polarizar con un enemigo externo para resurgir en popularidad a través del miedo colectivo que genera una posible guerra con Colombia.

2) La guerra es la coartada perfecta de las tiranías (y lo que es más preocupante aún, de los movimientos totalitarios) desde los tiempos antiguos. La guerra es la polarización máxima, llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias, a una relación de vida o muerte que obliga a los actores políticos (en este caso ciudadanos de una república) a tomar posición. O se está con la patria o se está contra ella. La relación amigo-enemigo llevada a su máximo permite al gobernante, Chávez en este caso, reprimir a todo aquel que sea objetivado detrás de la línea imaginaria del enemigo. Internamente la guerra es la cuartada perfecta de las tiranías para poner al país en estado de sitio y reprimir la disidencia en nombre de la república. Lo que Chávez ha estado buscando desde el 11 de abril, su "bahía de cochinos" que le permita descabezar de una vez por todas a la democracia venezolana y proclamarse definitivamente dictador, lo cual es el camino más seguro para morir en el poder.

3) El fruto más fácil de cultivar en la coartada de la guerra, en el caso concreto en el que vivimos, es deshacerse del gobernador del Táchira. Culparlo de traidor a la patria, de cooperar con el enemigo externo, abrirle un juicio y deshacerse de una de las gobernaciones de oposición al régimen Chávez. El gobierno es magistral en esta movida.

Lo importante es no olvidar que el conflicto al que nos está llevando Chávez con Colombia es un teatro cuyo objetivo último es liquidar a la disidencia interna en Venezuela. No olvidemos esas encuestas, esos números preocupantes para el gobierno, que se acentúan a medida que se acercan las elecciones parlamentarias, y que ponen en jaque la supervivencia del régimen de Chávez. El tirano hará todo lo posible, y jugará lo más duro que pueda, para evitar una catástrofe electoral en el 2010. Este conflicto con Colombia no es más que otra de sus tretas para desviar la atención y capitalizar victorias políticas internas. Aquí el enemigo común es Chávez. Es tanto enemigo de los colombianos como de los venezolanos. No nos dejemos engañar. Estar contra Chávez no es estar en contra de Venezuela. Todo lo contrario, es estar en favor de Venezuela tanto como estar en favor de los colombianos. Hay que decirlo con total claridad. Los únicos traidores a la patria aquí se llaman Hugo Chávez y toda la partida de delincuentes que gobiernan junto a él. Quien lo diga de esa manera es un patriota y no un traidor.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Dios juzga a los gobernantes


Salmo 58

2 Oh dioses y poderosos, ¿será verdad
que hacen justicia y que gobiernan según
el derecho?
3 Al contrario, a sabiendas falsean el
derecho, imponen al país un yugo injusto.
4 Los impíos andan descarriados desde
el seno de su madre, desde entonces mien-
te el embustero.
5 Llevan dentro un veneno como de ser-
piente que se hace la sorda; 6 que no escu-
cha la voz del encantador y rechaza sus
encantos.
7 Oh Dios, quiébrales los dientes; quiebra
sus mandíbulas de leones.
8 Que queden desparramados como agua
derramada. Que se marchiten como hierba
pisoteada.
9 Como babosa que se deshace al desli-
zarse, como feto abortado que no abre
los ojos a la luz.
10 Antes de que echen sus espinas como
la zarza, verdes o quemadas, que los arre-
bate el torbellino.
11 El juzto gozará al ver el castigo, y la-
vará sus pies en la sangre del impío. 12 Y di-
rán: Es verdad que hay recompensa para el
justo, sí, hay un Dios que hace justicia.


Este es uno de mis salmos preferidos. Lo he leído varias veces este año, en vista de acontecimientos que perturban con mucho dolor a los venezolanos. Lo leo cada vez que salgo de mi casa dispuesto a integrarme a una protesta política. Pero con este mismo salmo no sólo se mide con vara a los tiranos como Chávez o Husseín; el primero todavía falta de castigo y el segundo con uno bien merecido. Con la vara del salmo 58 Dios mide también la falta de los partidos, y de aquéllos políticos que en nombre del bien común engañan a los pueblos y los utilizan para su bien personal. Todos ellos castigados al fin. Pero no olvidemos que "con la vara que midas serás medido", lo cual es otra de las enseñanzas del cristianismo que nos llama a entender que la venganza está inevitablemente en manos de Dios, y es por ello que al final del salmo que presentamos afirma que "el juzto gozará al ver el castigo", pues no es él quien castiga sino Dios, y El aplica ese castigo de las mil maneras, en este mundo o en el próximo.

Es interesante y señalo como al comienzo se refiere el salmo a los gobernantes como "dioses y poderosos" y más adelante se refiere a sus "mandíbulas de leones". Son depredadores que se creen dioses tan sólo por ser podersos. Sólo a Chávez se le ocurre culpar al fenómeno natural que nosotros conocemos como "El Niño" por la falta de agua y electricidad en Venezuela, como si fuera Júpiter desde el Olimpo condenando las acciones de otros dioses subordinados a él. Chávez está incapacitado de sentir culpa, y es precisamente por ello que su castigo va a ser feróz. En manos del pueblo, de la historia o del infierno, Chávez padecerá todas y cada una de las penas descritas en el Apocalipsis y nosotros los venezolanos estaremos allí para presenciarlo, y como el salmo en cuestión nos indica, gozaremos.

Si Dios es justo, como sin duda lo debe ser, castiga al culpable y perdona al inocente con precisión matemática. Por creerse dioses sin serlo, los tiranos y políticos padecen las consecuencias de su soberbia.

sábado, 24 de octubre de 2009

Con un vasito de agua y con la luz apagada.



Oír al presidente últimamente es de verdad insólito. Su lenguaje previo siempre fue provocador y agresivo, llegando a decir cosas verdaderamente impresionantes. Pero lo último ya es sencillamente insólito. Chávez llama a los venezolanos a que apaguen las luces y a que se bañen con un vasito de agua las mañanas. Esto no solamente nos deja perplejos porque regala plantas de electricidad a otros países, sino por el hecho de que, al contrario de otros jefes de gobierno que prometen lo mejor y se justifican ante lo peor, Chávez promete lo peor y ni siquiera procura justificarlo. Es el sinsentido. En vez del gobierno invertir para mejorar la infraestructura de servicios tan básicos como el agua y la luz, el presidente llama a los venezolanos a que conciente y responsablemente acepten disminuir su calidad de vida. No es cuestión de pedir excusas ante la incompetencia de su gobierno, sino hacer un llamado a los venezolanos a que aceptemos como dado el ridículo deterioro de los servicios básicos en nuestro país, sabiendo que tenemos más que suficientes recursos para que no sólo se mantengan bien, sino que mejoren. Yo entendería que un presidente de Haití haga un llamado a sus ciudadanos para tratar de lidiar con los crónicos problemas que vive ese país. ¿Pero Venezuela? ¿El emporio petrolero de Sudamérica? ¿No suena a demasiado cinismo?

Es decir; Chávez le dice a los venezolanos "cálensela, porque esto no va a cambiar y yo de aquí no me voy." Interesante propuesta de gobierno, ¿no? Ser un buen ciudadano dentro de los estándares de la ideología chavista es adaptarse a las necesidades crecientes y los bienes decrecientes que se viven en Venezuela, aceptando como inamovible la voluntad soberana del Presidente de la República Hugo Chávez, tirano de tiranos de Sudamérica. Supongo que lo insólito resulta la regla en nuestra pequeña república andino-caribeña.

lunes, 19 de octubre de 2009

Deber y Virtud

En un debate en el Senado convocado por los cónsules para discutir nuevas contribuciones para proseguir la guerra contra Aníbal en Italia, uno de ellos les habla así a los distinguidos de la curia:

"Si pretendes imponer algo a un inferior, los tendrás a todos más dispuestos a obedecer si primero tú te impones esa obligación a ti mismo y a los tuyos. Un impuesto no resulta gravoso cuando los demás ven que todos los principales cargan con un parte del mismo mayor de la que corresponde por individuo. Por consiguiente, si queremos que el pueblo romano tenga flotas y las equipe, y que los particulares aporten remeros sin protesta, impongámonos primero nosotros esa misma obligación. Llevemos mañana los senadores al tesoro público todo nuestro oro, plata y blonce acuñado, dejando cada uno un anillo para él, su mujer y sus hijos (...); y los que tengan mujer e hijas, una libra de oro por cada una. Los que desempeñaron una magistratura curul, que conserven una libra de plata y los arneses del caballo, para que puedan tener un salero y un platillo para el culto de los dioses. Los demás senadores, solamente una libra de plata. En cuanto al bronce acuñado, dejémosle cinco mil ases a cada cabeza de familia. Pero todo el oro restante, la plata y el bornce acuñado llevémoslo inmediatamente a los triúnviros de finanzes antes de aprobar ningún senadoconsulto, a fin de que esta contribución voluntaria y esta porfía por prestar servicio a la república suscite la emulación del órden ecuestre en primer lugar y del resto de la población después. Éste es el único camino que hemos encontrado los cónsules después de largas conversaciones entre nosotros; seguidlo, y que los dioses nos ayuden. Un Estado sólido preserva también fácilmente las propiedades privadas; abandonando lo que es de todos, en vano tratas de conservar lo que es tuyo". (Livio, XXVI, 36, 3)

Quería dejar éste fragmento como llamado de atención a lo que deben ser las virtudes políticas del ciudadano republicano. Hoy en día vivimos profundamente aferrados a nustra individualidad y olvidamos con demasiada facilidad lo que es de todos. Subrayo la última oración del texto como un ejemplo de verdadera sabiduría política. El que sólo piensa en sus derechos y sus derechos ignorando por completo que la libertad acarrea deberes es el ejemplo clásico de una persona es todo menos ciudadano.

domingo, 4 de octubre de 2009

Justicia y Libertad


Seamos sinceros, la política es un asunto de pasiones. Por supuesto que las variables de poder se manejan de acuerdo con criterios racionales, pero éste es un campo reservado para los líderes, dirigentes y ambiciosos de ese poder. Pero para el ciudadano común, para el ciudadano de una república vigorosa, no para el súbdito de un monarca, ni para el esclavo de un tirano, la política es un asunto de pasiones. Incluso las elecciones hechas por los votantes en repúblicas vigorosas, aunque son hechas de acuerdo con cálculos racionales, vienen siempre acompañadas de la fuerza y convicción que se derivan de las pasiones. Sólo en repúblicas estériles la racionalidad es el único principio, como en aquellos helados países escandinavos, y a veces parece que incluso en Alemania.
La tesis platónica del Rey Filósofo no es para nada descabellada. Todo lo contrario, es totalmente coherente. La Democracia Ateniense, también como cualquier modelo de república vigorosa, se administraba más con pasiones que con razón. Y es un axioma antropológico que el motor político de los pueblos son antes las pasiones que la los juicios estrictamente utilitarios. Precisamente por éste motivo Platón rechaza completamente a la Democracia Ateniense, en favor de una forma de gobierno donde el gobernante pueda ejercer el poder soberano sin la necesidad de convencer a los gobernados. Por ende, desatado de éste requerimiento, puede gobernar estrictamente con la razón.
Ahora, ¿por qué es para Platón tanto mejor el gobierno de la razón que el gobierno de las pasiones? Tan sencillo como que, en la tradición socrática a la que pertenecía, él no podía conciliar filosóficamente a las pasiones con los requerimientos de la justicia. Y el descubrimiento de Platón, descubrimiento que hasta ahora casi nadie en su sano juicio ha rechazado, es que el bien supremo de la política, el bien común por excelencia, es la justicia. Sólo el filósofo inobstaculizado por las tendencias pasionales de las formas de gobierno populares puede administrar justicia con absoluto equilibrio y legitimidad.
Por otra parte, un republicano tan convencido como lo fue Maquiavelo, entendía totalmente las implicaciones pasionales del republicanismo, pero a diferencia de Platón, las reivindicaba. Porque, además de la justicia, el otro gran bien de la política, a veces en pugna con la primera, es la libertad. Y el Maestro Florentino hace su apuesta por la libertad en el republicanismo, mientras que el Gran Filósofo apuesta a la estabilidad pacífica de un gobierno unipersonal (o aristocrático en la República), mucho más propenso a impartir justicia, siempre y cuando el o los gobernantes sean justos. Pero la experiencia de vida de nuestros dos autores los separó por rutas irreconciliables. Mientras Platón tuvo que presenciar el arbitrario juicio y sentencia mortal de su admirado maestro Sócrates, por un tribunal popular prejuiciado, vengativo y mezquino, Maquiavelo vivió en carne y hueso, llegando a la experiencia de la tortura, las arbitrariedades y ambiciones desenfrenadas de los monarcas y tiranos de su tiempo (insólito que ambos hayan vivido también la experiencia contraria, Platón en sus infortunados viajes a Siracusa y Maquiavelo en su fracasada lucha por una república libre florentina).
Luego de toda nuestra experiencia histórica occidental, ¿qué? ¿Quién triunfa en el debate entre la razón de la justicia y la pasión por la libertad cuando ambas están en pugna? La única respuesta, modesta por lo pronto, a la que puedo llegar en éste momento, producto de una experiencia que tuve el día de hoy es, qué aburrida es la política cuando está excenta y qué indignante es la política cuando abunda la injusticia. El republicanismo debe integrar los dos principios: libertad y justicia, y deshacerse de esa interpretación errada de que en política todo es una elección racional, porque de hecho no lo es casi nunca (vean a Venezuela). La virtud del sistema inventado por Montesquieu es la mixtura entre la justicia impartida racionalmente por una aristocracia legítima como lo es el Poder Judicial, y la libertad apasionada que vivimos en los tiempos de elecciones y en los acalorados debates en los Congresos de las repúblicas.