domingo, 27 de junio de 2010
La Tragedia de los Cuatro Emperadores
En pocos meses un noble relativamente desconocido empieza a conspirar para arrebatarle el trono al envejecido emperador. Utiliza el poder corruptor del dinero para ganarse la lealtad de los soldados y centuriones emplazados en Roma, contrarrestándo el nuevo régimen de austeridad y "virtud" que la administración de Galba estaba tratando de imponer, política muy impopular entre una soldadesca acostumbrada a los lujos y licencias de los años de Nerón. El nombre de este ambicioso conspirador es Otón. Mientras tanto las provincias altamente militarizadas de Germania proclaman a su gobernador como verdadero y legítimo emperador: Vitelio. En las provincias de oriente el rumor del liderazgo de un general muy popular, Vespasiano, comienza a recorrer el mundo helénico.
El inicio de la tragedia: pocos días después de que la noticia de la rebelión de las legiones de Germania llega a Roma, Otón orquesta un golpe de estado magistral, en el que, con la ayuda de un grupo de sediciosos centuriones, se hace con el campamento militar en las afueras de la ciudad, y gracias a la confusión producida en el bando imperial, los conspiradores atrapan a Galba y a toda su corte en el Foro, y en una demostración de impiedad no antes vista en la ciudad, son asesinados por los soldados ante la mirada de los ciudadanos y de los templos de Roma. El Senado, aterrado (como siempre), proclama a Otón como nuevo emperador, y declaran la guerra a Vitelio, cuyas legiones marchan hacia el sur, dirección a Italia. El resultado en los próximos meses se ve venir. La superioridad moral y material de las legiones germánicas se imponen sobre las suavizadas tropas de Italia, y en una campaña que se desarrolla en el valle del Po, los generales de Vitelio derrotan aplastantemente a los ejércitos oficiales. Otón, aunque su causa no está del todo perdida, en un ataque desgarrador de desesperanza se suicida en contra del clamor de sus soldados, clavándose en el pecho una espada. La corte hedonista de lo que parece ser un nuevo Nerón, Vitelio, se traslada lentamente hacia Roma, entre espectáculos de gladiadores y desfiles militares a medida que transitan por cada ciudad del norte de Italia.
La administración de Vitelio sólo demuestra ser una serie consecutiva de errores y negligencia. En el Este la indignación entre los cuadros altos y medios de las legiones se hace sentir. Vespasiano, el héroe de las guerras en Britania, y ahora en Judea, es proclamado Emperador, primero en Alejandría, luego en el resto de las ciudades del oriente helénico. Una guerra aún mayor es preparada, con el uso masivo de los recursos de Oriente para dirigir una flota que monte un cerco a la península italiana. Y aunque caudillos y reyesuelos de frontera, como los dacios, el reino del Ponto y algunas tribus germánicas, aprovechan para rebelarse contra el dominio de Roma, en poco tiempo son reducidos. Vespasiano moviliza todas las fuerzas desde Iliria (actual Dalmacia), hasta Siria, y prepara una invasión de Italia desde el noreste. La indolencia de Vitelio es difícil de creer, utilizando de su prestigio como emperador (curiosamente se niega a recibir el título de César), vive en banquetes y orgías, alimentando sus vicios, entre los cuales está el de una gula incontrolada (Vitelio sufría de obesidad). Sin duda el más patético de los personajes de esta historia, un emperador sin experiencia militar, que asumía la autoridad suprema del imperio más grande habido en el Mediterráneo para disfrutar como un esteta decadente. Sordo a las advertencias más prudentes y abierto a los elogios más arrastrados, Vitelio no sabe cómo detener la marcha de las tropas de Vespasiano. De tal manera es traicionado hasta por sus más cercanos colaboradores, que al cambiarse de bando lo dejan abandonado en la inmensidad de un palacio de los placeres. Su general de mayor confianza, Valens, hace todos los esfuerzos, pero en definitiva es derrotado, capturado y ejecutado.
Cuando las legiones de Vespasiano, comandadas por Antonio, montan cerco a Roma y la toman por la fuerza, Vitelio en su desesperación no sabe que hacer. Había intentado abdicar; sus tropas no se lo permitieron. Se había escondido en la casa de su esposa; el miedo lo llevó a regresar al palacio imperial. Cuando entra en los pasillos y salones de su antigua residencia, el hogar de los Césares, ésta ha sido abandonada por sus colaboradores, libertos y esclavos. Hayamos la figura trágica de un emperador obeso corriendo, y probablemente en llanto, pidiendo a gritos el auxilio de una corte que se había desvanecido de entre los lujos de un palacio abandonado, mientras las puertas de Roma están siendo derribadas por soldados romanos. En un escondite miserable, en una pequeña habitación sucia de algún sirviente, allí es encontrado Vitelio en lo más bajo de su conmiseración. Es arrastrado hacia afuera por un miembro de la guardia, enjuiciado publicamente y ejecutado. Dos son las versiones del final de su cadáver: arrojado a las aguas de Tíber o lanzado por las escaleras Gemonías del monte Capitolio.
Los despojos de la guerra incluyeron el saqueo y aniquilación de varias ciudades galas por la marcha de las tropas de Vitelio, la matanza de la corte de Galba en medio del Foro por los leales a Otón, la destrucción total de la ciudad de Cremona por las tropas de Vespasiano, y lo que parece más trágico a los ojos de Tácito, la quema total del templo de Júpiter en el Capitolio, el centro del culto más importante y antiguo de Roma, en medio del asedio de la fortaleza del Capitolio por tropas leales a Vitelio en contra de un grupo de nobles conspiradores liderizados por el hermano mayor de Vespasiano que se habían atrincherado en el monte. El año de los cuatro emperadores (69 d. C.) sorprende por su nivel de dramatismo y la repetición consecutiva de injusticias y violencias, y nos impacta como uno de los más trágicos de la historia de la Antiguedad: la masacre de Galba en el Foro, el suicidio de Otón en su tienda militar, la desgarramiento de Vitelio en el palacio vacío, y la definitiva victoria de Vespasiano sobre todos los demás. La guerra civil como el más trágico de los acontecimientos sobre un pueblo, y el pretorianismo cesarista como el fin lamentable de la libertad republicana.
Este texto está inspirado en mi reciente lectura de las Historias de Tácito.
lunes, 19 de octubre de 2009
Deber y Virtud
"Si pretendes imponer algo a un inferior, los tendrás a todos más dispuestos a obedecer si primero tú te impones esa obligación a ti mismo y a los tuyos. Un impuesto no resulta gravoso cuando los demás ven que todos los principales cargan con un parte del mismo mayor de la que corresponde por individuo. Por consiguiente, si queremos que el pueblo romano tenga flotas y las equipe, y que los particulares aporten remeros sin protesta, impongámonos primero nosotros esa misma obligación. Llevemos mañana los senadores al tesoro público todo nuestro oro, plata y blonce acuñado, dejando cada uno un anillo para él, su mujer y sus hijos (...); y los que tengan mujer e hijas, una libra de oro por cada una. Los que desempeñaron una magistratura curul, que conserven una libra de plata y los arneses del caballo, para que puedan tener un salero y un platillo para el culto de los dioses. Los demás senadores, solamente una libra de plata. En cuanto al bronce acuñado, dejémosle cinco mil ases a cada cabeza de familia. Pero todo el oro restante, la plata y el bornce acuñado llevémoslo inmediatamente a los triúnviros de finanzes antes de aprobar ningún senadoconsulto, a fin de que esta contribución voluntaria y esta porfía por prestar servicio a la república suscite la emulación del órden ecuestre en primer lugar y del resto de la población después. Éste es el único camino que hemos encontrado los cónsules después de largas conversaciones entre nosotros; seguidlo, y que los dioses nos ayuden. Un Estado sólido preserva también fácilmente las propiedades privadas; abandonando lo que es de todos, en vano tratas de conservar lo que es tuyo". (Livio, XXVI, 36, 3)
Quería dejar éste fragmento como llamado de atención a lo que deben ser las virtudes políticas del ciudadano republicano. Hoy en día vivimos profundamente aferrados a nustra individualidad y olvidamos con demasiada facilidad lo que es de todos. Subrayo la última oración del texto como un ejemplo de verdadera sabiduría política. El que sólo piensa en sus derechos y sus derechos ignorando por completo que la libertad acarrea deberes es el ejemplo clásico de una persona es todo menos ciudadano.
sábado, 12 de septiembre de 2009
"Si existiera una ciudad de sabios como, más que conocer, imaginan los filósofos, yo, la verdad, no creo que pudieran constituirla ni unos notables más ponderados y menos dominados por la ambición de poder ni una masa con mejor conducta. Francamente, que una centuria de jóvenes haya querido consultar a los mayores a quien confiar el mando con su voto, parece algo casi increíble en estos tiempos en que incluso la autoridad de los padres carece de valor y de peso ante los hijos." (XXVI:22:14)
domingo, 30 de noviembre de 2008
Sueño con Roma.
El foro estaba repleto de gente, pero más ciudadano entraban a él por la avenida, y por lo que parecía ser un inmenso arco de triunfo a la derecha. Mientras me colaba entre la gente, me acerqué hacia el fondo del foro donde encontré al pontífice máximo con otros sacerdotes, y para mi desagradable sorpresa era Hugo Chávez. Huí entre la gente.
Pero luego comenzó una suerte de ritual en el que todos nos acostamos en el suelo boca arriba, y alzábamos las piernas en una suerte de danza con cantos. Recuerdo haber estado vestido con una toga blanca o de colores, como los antiguos se vestían para las ceremonias religiosas. Luego al levantarme comenzaron a traer comida, entre ello cerdo y distintas carnes. Los alimentos se veían tremendamente suculentos y recuerdo haber sentido las ganas de comer. Las comidas se distribuyeron por el foro y la gente se preparaba para comer en grupos, igual que las comidas conjuntas que se practicaban en Esparta, y en todas las demás ciudades griegas con menos frecuencia que en Laconia y Creta, pero que incluso también se practicaban en Roma en las festividades religiosas. Luego de haberme paseado por el foro observando los distintos manjares, pues no recuerdo más...
Lo que más me sorprende fue el papel que Chávez jugó en la historia. Este sueño: ¿Qué habrá significado?
viernes, 14 de noviembre de 2008
Poema Nostálgico
Cómo es que en vida se añora al pasado,
Cómo es que en vida se odia al Estado,
Revivo en mi mente a antiguo Plutarco,
Al viejo Polibio y al tirano de Octavio.
Despierto en presente sin honor ni pasado,
Sin victoria, sin lo bello, sin lo grande, sin lo honrado,
Siempre el dinero es el fin más añorado,
Las gestas pasadas en recuerdo se han quedado,
El dulce comercio en todo se ha engrandado,
Roma aplastada ante miserable Cartago.
Cuento mi historia sin ánimo ideologizado,
Frente a pantalla queriendo ser escuchado,
Soñando en el tiempo que ya se ha largado,
Maldigo la tierra que tanto se ha desarrollado,
La existencia sólo un rumbo ha tomado,
El letargo camino a la muerte sin retraso,
Entre vidas que sueñan belleza sin acabo,
Belleza de piel y hueso, no virtud, todo arrasado,
Y yo en el medio quedo impresionado,
Del mundo que hoy tan diferente ha resultado,
Que tanto se cree que a mejor se ha llegado,
Tanto que chillan que libertad se ha alcanzado,
Sólo el capricho se ha independizado,
Sólo el hedonismo se ha dogmatizado,
Olor a virtud se ha rechazado,
Y Dios con ella ha quedado enterrado.
Cuentan la historia Livio y Plutarco,
De un pueblo que ya tiempo se ha retirado,
Su recuerdo con grandeza nos han facilitado,
La historia contempla de orgullo y agrado,
La legión del grande Escipión Africano,
Que a Aníbal en Zamma haber enfrentado,
Y el dulce comercio cedió como esclavo,
Al poder imperioso de un pueblo soberano,
Cuyo principio supremo era el ser republicano.
Liberal y emotivo el mundo se ha degradado,
Compromiso y deber han quedado relegados,
República, tradición: han sido mutilados.
Yo; yo; yo soy lo que hay determinado,
Nosotros; nosotros; ya ni considerados
¿Quiénes somos nosotros los olvidados?
Los que en comunidad habremos querido ser engendrados,
Gente valiente que ni en peste ni en guerra huyan acobardados,
Que el dominio e imperio no los hayan avergonzado,
Pues de prueba les sirva que soberanos se han transformado,
Que los grandes y fuertes siempre han gobernado,
De llanto y queja se arropan los que han sido derrotados.
Los que
Ellos jamás han de rechazarla mal educados,
Más sólo aceptar su destino manifestado,
Señores, ciudadanos, ustedes han sido seleccionados,
La libertad se paga con defenderla inagotados,
A los pueblos esclavos sometedles sin cuestionarlo,
Como el Senado en los tiempos del imperio romano,
Cuando el brillante Barca los Alpes haber cruzado,
En nombre del comerciante y bárbaro Cartago,
A orillas del Trebia primero hubo triunfado,
Luego en el lago haber romanos asesinado,
Marchando impune por suelo italiano,
Incluso a Roma llegó a haber asediado,
Para en Cannas haber a los Cónsules aplastado,
Y ochenta mil jóvenes la muerte haber encontrado.
Levanten airados a un héroe vitalizado,
No tiemblen, no cedan, no sean derrotados,
No padezcan enfermedad de europeo cansado,
Eleven con gloria a su Escipión el Africano,
En la vida no todo es bienestar materializado,
Libertad de conciencia y colectivo organizado,
A la guerra marchad, estandarte recién elevado,
Si el otro es humano poco ha importado,
La historia no trata derechos humanos,
Fortuna concede paz al que ha conquistado,
Y a casa vuelve con trofeo muy bien remunerado.
Así Escipión en España hubo marchado,
Asdrúbal no pudo, y fue derrotado,
Aníbal e Italia: conflicto no solucionado,
El Cónsul Romano en África hubo desembarcado,
A bella Cartago, a ella hubo contemplado,
Y Aníbal marchó de Italia todo desalentado,
Los dos pueblos finalmente se hubieron encontrado,
En batalla final que todo determinó finalizado,
No fuera de Roma, gracias a Africano,
En desierto ambos generales ya determinaron,
La paz imposible por acuerdo humanitario,
Con sangre y victoria todo ha de ser aplacado,
La tormenta en un momento hubo acabado,
Cuando Escipión venció a Aníbal de Cartago.
Así acaba la historia de un pueblo derrotado,
Y de otro que en victoria el mundo ha conquistado,
Su recuerdo ha nosotros ha sido heredado,
Nosotros olvidamos y el hedonismo rescatamos.
