Mostrando entradas con la etiqueta Cristianismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristianismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de agosto de 2010

La segunda tentación de Cristo.

Estando en el desierto, en la segunda tentación el Diablo transporta a Cristo a la cima del templo de Jerusalém, y reta a Jesús a brincar sobre el vacío, citando como argumento el Salmo 91:11: "Pues El a sus ángeles mandará cerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán para que tus pies no tropiecen contra piedra". De esta manera pone a prueba a Cristo, pues, si es éste el verdadero hijo de Dios, su padre no permitirá que se mate en la caida. Jesús le responde citando al libro Deuteronomo 6:16 diciendo: "No pondrás al Señor, tu Dios, a prueba". Una interpretación de este suceso sigue así:

"El Diablo prueba ser un experto en la Biblia que puede citar el salmo a la perfección. Toda la conversación de la segunda tentación toma la forma de una disputa entre dos eruditos de la Biblia" (p. 35).

"La práctica común hoy en día es medir la Biblia contra la llamada visión moderna del mundo, cuyo dogma fundamental es que Dios no puede actuar en la historia- que todo lo referente a Dios debe ser relegado al dominio de la subjetividad. Entonces la Biblia ya no habla de Dios, el Dios vivo; no, ahora sólo nosotros hablamos y decidimos lo que Dios puede hacer y lo que nosotros haremos y debemos hacer. Y el Anticristo, con un aire de excelencia erudita, nos dice que cualquier exégesis que lea a la Biblia desde la perspectiva de la fe en el Dios viviente, en orden para poder escuchar lo que Dios tiene que decir, es fundamentalismo; el quiere convencernos de que sólo su tipo de exégesis, la supuesta puramente de tipo científico, en la que Dios no dice nada y no tiene nada que decir, es capáz de mantenerse al corriente de los tiempos" (p. 35-36).

"El asunto en juego en esta segunda tentación ha sido recolectada en el motivo de 'pan y circo'. La idea es la de que una vez proporcionado el pan, también un espectáculo debe ser ofrecido. En vista de que la satisfacción corporal obviamente no es suficiente para el hombre, entonces ésta interpretación sigue; aquellos que se niegan a permitir a Dios tener algo que ver con el mundo y con el hombre están forzados a proporcionar la energía de exitar los estímulos, la emoción que reemplaza la admiración religiosa, y la aparta del camino" (p. 36).

La respuesta de Cristo "No pondrás al Señor, tu Dios, a prueba" (Deut 6:16) "alude a la historia de cómo Israel casi perece de sed en el desierto. Israel se rebela contra Moisés, y haciéndolo se rebela contra Dios. Dios tiene que probar que él es Dios. La Biblia describe esta rebelión como sigue: 'Ellos pusiéron al Señor a prueba diciéndo, <¿Está el Señor entre nosotros o no?>" (Exodo 17:7). El asunto, entonces, es el que ya hemos encontrado: Dios tiene que someterse a experimento. El es 'probado', justo como los productos son probados. El debe someterse a las condiciónes que nosotros decimos que son necesarias si es que vamos a alcanzar certeza. Si no nos ofrece ahora la protección que nos promete en el Salmo 91, entonces simplemente el no es Dios. El habrá mostrado que su propia palabra, tanto como él mismo, es falsa" (p. 37).

"La arrogancia que haría de Dios un objeto, e impone nuestras condiciones de laboratorio sobre él, es incapáz de encontrarlo. Pues ya implica que negamos a Dios en tanto Dios al ponernos a nosotros mismos por encima de él, al descartar la dimensión total del amo, del escuchar internamente; al no aceptar nada más como real mas que lo que podemos probar y agarrar experimentalmente. Pensar así es hacerse uno mismo Dios. Y hacer esto no es sólamente desarraigar a Dios, sino también al mundo y a uno mismo" (p. 37).

"El Reino de Cristo es diferente a los reinos de la tierra y su esplendor, que Satanás desfila ante él [Jesús]. Este esplendor, como indica la palabra griega doxa, es una apariencia ilusoria que se desintegra. Este no es el tipo de esplendor que pertenece al Reino de Cristo. Su Reino crece desde la humildad de la proclamación de aquéllos que acuerdan convertirse en sus dicípulos, que son bautizados en el nombre del Dios trinitario, y que mantienen sus mandamientos" (p. 39).

Nuevamente los pasajes citados con del libro del Papa Benedicto XVI, publicado en su versión traducida al inglés en 2007. La segunda tentación queda como demostración de la arrogancia de cualquier forma de aproximación cientificista al problema de Dios y de la fe. En tanto que somos seres humanos, terrestres, atados a nuestras condiciones, no podemos explorar con la ciencia, ni ningún método racionalista, la realidad del Dios viviente, ni legítimamente cuestionar la fe de sus creyentes. Repito, expongo estos párrafos como parte de mi cruzada personal para luchar contra los oponentes del Cristainismo y su Iglesia, que tanto abundan hoy en día y que disfrutan de una publicidad abrumadora.

jueves, 5 de agosto de 2010

La Primera Tentación de Cristo

En los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas nos es transmitido el momento de las tentaciones. Cristo, luego de ser bautizado en el Jordán por San Juan Bautista, y ser proclamado por el Espíritu Santo como Hijo de Dios, se aparta por cuarenta días y cuarenta noches en el desierto para ayunar y meditar. El Diablo se le aparece y lo provoca con tres discursos. En el primero el Diablo le propone que, en vista de que está padeciendo de hambre y de que es Hijo de Dios, convierta las piedras del desierto en panes para saciar su hambre. He aquí una reflexión sobre este momento:

"Jesús tiene que entrar en el drama de la existencia humana, pues eso pertenece al núcleo de su misión; tiene que penetrarlo completamente, hasta lo más hondo de su profundidad, para así poder encontrar 'la oveja perdida', para así cargarla sobre sus hombros, y traerla a casa" (p. 26)

Pablo en su carta a los Hebreos: "Pues porque él mismo ha sufrido y ha sido tentado, él es capaz de ayudar a aquéllos que son tentados" (Hebreos 2:18). "Pues porque nosotros no tenemos un sumo sacerdote que sea incapaz de simpatizar con nuestras debilidades, pero uno que en todo respecto ha sido tentado como nosotros, sin embargo sin pecado" (Hebreos 4:15).

"En el corazón de todas las tentaciones, como vemos aquí, está el acto de empujar a un lado a Dios porque lo percibimos como secundario, si no realmente superfluo y molesto, en comparación con todos los asuntos aparentemente mucho más urgentes que llenan nuestra vida. Crear un mundo por nuestra propia luz, sin referencia a Dios, construyendo sobre nuestras propias bases; reusando reconocer la realidad de cualquier cosa más allá de lo político y material, mientras ponemos a Dios a un lado como una ilusión- esa es la tentación que nos amenaza en muchas formas variadas. (...) [La tentación] pretenden mostrarnos un mejor camino, donde nosotros finalmente abandonamos nuestras ilusiones y nos aboquemos al trabajo de hacer verdaderamente al mundo un mejor lugar. Reclama, aún más, de hablar de verdadero realismo: lo que es real es lo que está justo en frente de nosotros- poder y pan. En comparación, las cosas de Dios se funden en la irrealidad, en un mundo secundario que nadie realmente necesita" (p. 28-29).

"Dios es el asunto: Es él real, la realidad misma, o no lo es? Es él bueno, o tenemos que inventarnos al bien nosotros mismos? La cuestión de Dios es la cuestión fundamental, y nos pone justo en la encrucijada de la existencia humana" (p. 29).

"El Marxismo- bastante comprensiblemente- hizo este punto específico [la conversión de las piedras en panes] el núcleo de su promesa de salvación: procuraría el que nadie más pasaría hambre más nunca y que 'el desierto se convertiría en pan'" (p.31).

"Cuando Dios es considerado como un asunto secundario que se puede apartar temporalmente o permanentemente sobre la base de cosas más importantes, es precisamente éstas supuestas cosas más importantes las que terminan siendo nada. No es sólo el advenimiento negativo del experimento marxista lo que prueba esto.
La ayuda ofrecida por el Occidente a países en desarrollo ha sido puramente técnica y materialmente basada, y no sólo ha dejado a Dios fuera de la pintura, pero ha apartado a los hombres de Dios. Y esta ayuda, proclamando orgullosamente 'saber mejor', es en sí misma lo que primero volvió al 'Tercer Mundo' en lo que hoy significa para nosotros ese término. Ha apartado a un lado las estructuras religiosas indígenas, éticas y sociales y ha llenado el vacío con su mentalidad tecnocrática. La idea era que podríamos convertir las piedras en panes; en cambio, nuestra 'ayuda' sólo ha dado piedras en lugar de los panes. El asunto es la primacía de Dios. El asunto es reconocer que él es una realidad, que él es la realidad sin la cual nada más puede ser bueno. La historia no se puede desprender de Dios y entonces correr sobre líneas suaves y puramente materiales. Si el corazón del hombre no es bueno, entonces nada más puede tornarse bueno tampoco. Y el bien del corazón humano puede al final venir sólo de Aquél que es El Bien, quien es Dios mismo" (p. 33-34)

"Es en éste mundo que estamos obligados a resistir los engaños de filosofías falsas y reconocer que nosotros no vivimos sólo de pan, pero primero y por sobre todo por la obediencia de la palabra de Dios. Sólo cuando esta obediencia es puesta en práctica se desarrolla la aptitud que también es capaz de proveer pan para todos" (p. 34).


Los anteriores pasajes los he sacado del libro Jesús de Nazaret, publicado por el Papa Benedicto XVI en el año 2007, en su versión en inglés de la editorial Doubleday en Nueva York.

Traigo a colación estos fragmentos ubicados en el segundo capítulo del libro, dedicado a las Tentaciones de Jesús, como parte de mi cruzada personal para propagar el mensaje actual de la Iglesia frente a sus múltiples y expandidos detractores. La necesidad de volver a Dios a través del mensaje de Cristo es apremiante en un mundo que cada vez se desvía más hacia su propia disolución. No es casualidad el aumento del pesimismo en la mente de los Occidentales de hoy. Luego del fracaso del proyecto Ilustrado en su culminación definitiva luego de la caída del muro de Berlín, el mensaje del progreso ha quedado totalmente desacreditado. Con ello el mensaje del Cristianismo nos queda como el único apelativo al sentido común en un mundo sin Dios y que pareciera avanzar a la deriva, sin rumbo y a la espectativa de una tragedia todavía por continuar.

viernes, 23 de julio de 2010

Lectura del Sermón de la Montaña

Mateo 5:3-12

3 Bienaventurados los pobres
en espíritu: porque de ellos es el
reino de los cielos.
4 Bienaventurados los que lloran:
porque ellos recibirán consolación.
5 Bienaventurados los mansos:
porque ellos recibirán la tierra
por heredar.
6 Bienaventurados los que
tienen hambre y sed de justicia:
porque ellos serán hartos.
7 Bienaventurados los misericor-
diosos: porque ellos alcanzarán
misericordia.
8 Bienaventurados los limpios
de corazón: porque ellos verán
a Dios.
9 Bienaventurados los pacifica-
dores: porque ellos serán llama-
dos hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que
sufren persecusión por causa de
la justicia: porque de ellos es el
reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois cuan-
do os vituperen y os persiguie-
ren, y dijeren de vosotros todo
mal por mi causa, mintiendo.
12 Gozaos y alegraos; porque
vuestra merced es grande en
los cielos: que así persiguieron
a los profetas que fueron antes
de vosotros.

Así concluye la primera parte del Sermón de la Montaña, la promesa del Cristianismo a la humanidad. Sus enemigos lo han interpretado maliciosamente, como una declaración de conformismo y opresión. Los progresistas, desde Voltaire hasta hoy, sueñan con un mundo sin oprimidos, sin injusticia, sin diferencias, sin dolor. Por ello desprecian la promesa del Cristianismo como vana, irreal, ilusoria, embustera; mientras que prometen un mundo de paz y concordia que nunca vino, que se convirtió en argumento pero las peores tiranías, y sólo ha logrado incrementar el dolor y el error. Fueron ingénuos en su arrogancia. No comprendieron que el mensaje de Cristo es un mensaje a todo individuo que algún dolor o aflicción padece, y que siendo absolutamente imposible erradicar la injusticia del mundo, el reino de Dios es un reino donde todas esas ofensas y marcas de la vida son compensadas en un equilibrio perfecto. El deseo de vengar las aflicciones sólo lleva a la perdición, a mayor injusticia en la tierra, y a la condena definitiva de nuestras almas. ¿Por qué? Porque fuimos demasiado arrogantes; creímos que podíamos hacer el trabajo de Dios en un mundo imperfecto con nuestras conciencias imperfectas. No se trata de padecer a drede, no se trata de imponerse una vida de miseria; se trata de preservar la convicción de que sea cual fuere la injusticia que hemos sufrido en este mundo, por ellas seremos recompensados en el reino de Dios. Tal justicia no puede ser engañada con triquiñuelas e hipocrecía. El compromiso de la fe debe ser verdadero o no ser. He allí el dilema.

lunes, 5 de abril de 2010

Calumnian al Papa. Esta es mi opinión

Lamentablemente ha llegado la hora de hablar de la campaña mediática y calumniadora que se está llevando a cabo en contra del Papa Benedicto XVI. Primero establecer un punto que resulta obvio, pero parece que tiene que ser aclarado de todas maneras: la pederastia es un crimen lamentable y uno de los que precisamente ha hecho un llamado a combatirla es el Papa actual (a diferencia de los anteriores). Claro que el imperio mediático de la izquierda nihilista no está interesada en señalar el esfuerzo valiente y complejo que el Papa está haciendo para combatir este cáncer que devora a la Iglesia. Prefieren llevar a cabo una descarada e irresponsable guerra de calumnias que ha llegado al extremo de la insolencia más bárbara: exigir su renuncia. ¿De cuándo aquí el sumo pontífice es un cargo político sometido a la opinión pública? Bueno, el objetivo de esta campaña es precisamente someter al Vaticano a las reglas con las que someten a los gobernantes seculares. Sencillamente no va a pasar. Todos los católicos depositamos nuestra fe y esperanza en la resistencia de nuestro Santo Padre.

Ahora vayamos a los argumentos concretos y duros. Es cierto que la pederastia es un delito y debe ser condenado. Todos estamos de acuerdo con eso. Ahora, el imperio mediático de la izquierda nihilista quiere atribuirle toda la responsabilidad al Vaticano.

1) El Papa no es juez de nadie, sino el líder espiritual de todos los católicos del mundo. El no puede perseguir ni condenar a nadie legítimamente. Los papas de Edad Media emitieron condenas y desplegaban un poder temporal impresionante que hoy en día la Iglesia ni tiene, ni quiere tener. Entonces, se le saca en cara a la Iglesia su historia pasada de cómo abusó del poder secular, y ahora pretenden, de la manera más cínica, que utilice un poder de persecución y enjuiciamiento que ya no tiene, precisamente porque se apartó de ese pasado. El Papa no es un juez penal de la Iglesia ni de sus miembros, ni el Vaticano un tribunal. Esta responsabilidad, o en lenguaje jurídico potestad, recae sobre los tribunales de los distintos países donde el crimen se comete. ¿Por qué la prensa nihilista no hace un llamado de atención a sus fiscales y jueces que son los legítimamente encargados de este asunto? ¿Por qué apelar al Papa? No es más que la sistemática agresión mediática contra la Iglesia. No importa el motivo, ni los principios; el objetivo es atacar a la Iglesia sea como fuere, porque por algún motivo estas personas la detestan. Me pregunto por qué.

2) La Iglesia tiene una estructura interna y se divide en consejos episcopales que representan a los países. ¿No es así? Uno de los problemas consiste en que estos delitos son ocultados por los obispos locales que enfrentan la situación. Muchas veces el Papa ni se llega a entera de estos casos. Antes de ser nombrado Papa, tengo entendido que Ratzinger ocultó algunos casos en Alemania. Hay que estudiar el caso concreto. Sin embargo, la culpa no es transferible. El delito lo sigue cometiendo el ofensor, no la institución. Pero se insiste en culpar a la institución y a su líder por motivos prácticos y casi se ignora la figura concreta del criminal. Precisamente porque ahora Ratzinger es el Papa Benedicto XVI, con la majestad de la que está investido, hace un llamado a la justicia de los países a que tomen cartas en el asunto. ¡El personalmente no lo puede hacer! Pero claro, eso no es lo que le interesa a la prensa nihilista. Ellos quieren ver a Roma arder. No importa lo que cueste.

3) El Vaticano no tiene ni la autoridad legítima, ni la capacidad práctica para combatir por sí sola este cáncer que devora a la Iglesia. El Papa no sólo es el sumo sacerdote, es el administrador de toda una Iglesia Universal, que también es, precisamente por estar formada de hombres, sometida a las mismas tentaciones y a los mismos pecados. "Con la vara que midáis seréis medidos" dicen las palabras de Cristo, y toda la prensa nihilista está midiendo al Papa de una manera atroz, como si pretendieran que el Papa fuera un Dios, cuando la verdad es que es un hombre como cualquier otro sometido a las imperfecciones del mundo, y que debe atender el asunto tomando en cuenta muchas variables (precisamente por llevar sobre sí el peso de una autoridad tan grande e importante). Pero el cinismo de estos engreídos les hace creer que ellos pueden juzgar desde arriba como si fueran autoridades morales de algo. Pecan de soberbia. El Papa está haciendo lo que puede; hace un llamado a la justicia secular. Por otro lado lo critican y lo tergiversar cuando también hizo un llamado al perdón de los criminales. Compañeros, un llamado a los agredidos a que perdonen a sus agresores. ¡¿Y esa no es la enseñanza que nos imparte el cristianismo?! ¿No nos llama a perdonar? Pero la Iglesia no pega una con esta gente. Por el contrario quieren que vuelva a sus métodos inquisitoriales en los que juzgaba y castigaba, contrario a todos los principios de su creencia. Ahora que sí hace un llamado al perdón sin discriminar, y deja en la justicia secular y en Dios el juicio sobre los crímenes y pecados de cada uno, ah pues, ahora la Iglesia es negligente.

Es insólito, verdaderamente insólito; y me llena de indignación ver como toda esta campaña mediática injusta y cruel, contra un señor venerable y envestido de los poderes más sagrados, es llevada a cabo. Nadie niega el horror del crimen de la pederastia. Pero con esta gente la Iglesia no pega una. Se le critica cuando desplegó el mayor de los poderes y los métodos inquisitoriales. Ahora se le exige que lo vuelva a hacer cuando no le corresponde. Qué fácil es ser de izquierda, y pretender desde una cómoda posición criticar y criticar con aquella soberbia actitud de supuesto altruismo. "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra".

viernes, 6 de noviembre de 2009

Dios juzga a los gobernantes


Salmo 58

2 Oh dioses y poderosos, ¿será verdad
que hacen justicia y que gobiernan según
el derecho?
3 Al contrario, a sabiendas falsean el
derecho, imponen al país un yugo injusto.
4 Los impíos andan descarriados desde
el seno de su madre, desde entonces mien-
te el embustero.
5 Llevan dentro un veneno como de ser-
piente que se hace la sorda; 6 que no escu-
cha la voz del encantador y rechaza sus
encantos.
7 Oh Dios, quiébrales los dientes; quiebra
sus mandíbulas de leones.
8 Que queden desparramados como agua
derramada. Que se marchiten como hierba
pisoteada.
9 Como babosa que se deshace al desli-
zarse, como feto abortado que no abre
los ojos a la luz.
10 Antes de que echen sus espinas como
la zarza, verdes o quemadas, que los arre-
bate el torbellino.
11 El juzto gozará al ver el castigo, y la-
vará sus pies en la sangre del impío. 12 Y di-
rán: Es verdad que hay recompensa para el
justo, sí, hay un Dios que hace justicia.


Este es uno de mis salmos preferidos. Lo he leído varias veces este año, en vista de acontecimientos que perturban con mucho dolor a los venezolanos. Lo leo cada vez que salgo de mi casa dispuesto a integrarme a una protesta política. Pero con este mismo salmo no sólo se mide con vara a los tiranos como Chávez o Husseín; el primero todavía falta de castigo y el segundo con uno bien merecido. Con la vara del salmo 58 Dios mide también la falta de los partidos, y de aquéllos políticos que en nombre del bien común engañan a los pueblos y los utilizan para su bien personal. Todos ellos castigados al fin. Pero no olvidemos que "con la vara que midas serás medido", lo cual es otra de las enseñanzas del cristianismo que nos llama a entender que la venganza está inevitablemente en manos de Dios, y es por ello que al final del salmo que presentamos afirma que "el juzto gozará al ver el castigo", pues no es él quien castiga sino Dios, y El aplica ese castigo de las mil maneras, en este mundo o en el próximo.

Es interesante y señalo como al comienzo se refiere el salmo a los gobernantes como "dioses y poderosos" y más adelante se refiere a sus "mandíbulas de leones". Son depredadores que se creen dioses tan sólo por ser podersos. Sólo a Chávez se le ocurre culpar al fenómeno natural que nosotros conocemos como "El Niño" por la falta de agua y electricidad en Venezuela, como si fuera Júpiter desde el Olimpo condenando las acciones de otros dioses subordinados a él. Chávez está incapacitado de sentir culpa, y es precisamente por ello que su castigo va a ser feróz. En manos del pueblo, de la historia o del infierno, Chávez padecerá todas y cada una de las penas descritas en el Apocalipsis y nosotros los venezolanos estaremos allí para presenciarlo, y como el salmo en cuestión nos indica, gozaremos.

Si Dios es justo, como sin duda lo debe ser, castiga al culpable y perdona al inocente con precisión matemática. Por creerse dioses sin serlo, los tiranos y políticos padecen las consecuencias de su soberbia.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El dilema de un occidental


Todos los días siento que me enfrento a un debate interno. Es un debate compartido entre todos los occidentales y se remonta a aquellos años del renacimiento en Italia. Exploremos superficialmente lo que queremos decir con "renacimiento".
Una civilización marcada y determinada moral, política y socialmente por la teología cristiana romana. La división del mundo entre el Reino de Dios y el Reino de los hombres. La repartición de la autoridad entre el Vicario de Cristo y el Sacro Emperador Romano. La división entre cristianos e infieles. En fin, un mundo cuya variable fundamental para su continuación lo era la idea teológica del mundo de acuerdo con las Sagradas Escrituras y el orden que de la interpretación de ellas se derivaba. Es un mundo que en sí mismo es bastante estable y consistente, por más brotes de herejías que se presentaron en toda la Edad Media. Dios representado en Cristo era la idea rectora.
Pasó algo en este mundo, algo violento y cataclísmico que lo derribó todo y lo hizo pedazos. Aquella lejana y nebulosa civilización, aquellos tiempos precristianos de paganismo, injusticia y pecado, aquél mundo que había quedado olvidado y enterrado en las profundidades de las bibliotecas de las abadías volvió a nacer: La Antigüedad. De allí el renacimiento. ¿Pero que fue el renacimiento si no la obsesión de un mundo agotado por el argumento teológico de encontrar en lo que había quedado en el olvido las bases para una nueva forma de admirar al ser humano? La Antigüedad, junto con todas sus injusticias, ya olvidadas por el pasar de los siglos, renacía como la imagen de unos tiempos que casi parecían de mentira por lo fantástico de sus acontecimientos. El gran hombre afectado por esta experiencia enceguecedora fue Nicolás Maquiavelo. En mi opinión, el primer hombre moderno. No sólo por el resultado de sus escritos, el producto del violento choque entre dos mundo enemigos, sino por la comprensión de que una síntesis entre la civilización greco-latina y el mundo judeo-cristiano era imposible, o al menos quimérico. El resultado: la Civilización Occidental moderna.
A diferencia de sus posteriores, Maquiavelo siempre estuvo al tanto de que el matrimonio entre antiguos y cristianos era una unión de dos seres que no se comprenden y que la mayor parte del tiempo se desprecian. Sin embargo eso somos nosotros. Vemos la historia de Occidente y lo que descubrimos es la alternancia entre el soberbio espíritu de los antiguos (Renacimiento, Ilustración, siglo XX) y el compasivo espíritu de los cristianos (siglo XVI, siglo XVII, edad Victoriana).
Esto lo comento porque todos los días debo lidear con la poderosa lucha entre nuestras dos civilizaciones madres. Somos el producto de un matrimonio divorciado. A veces comprendo, admito y me entrego a la verdad de Cristo y a la necesidad de una moral cristiana honesta; pero por otro lado me despierta ese llamado de los antiguos a las grandes obras, la espectacularidad de la acción humana, al hombre fuerte y orgulloso. Por un lado tenemos a Kant como defensor de una y a Nietzsche como defensor de la otra. ¿Dónde está Maquiavelo? No lo sé; no lo he descubierto todavía. Sin embargo debo admitir que es como él como yo me siento.