miércoles, 14 de octubre de 2009

Inmortalizados en el monte.


En un acto totalmente fortuito vine a dar con una tremenda foto del Monte Rushmore en Dakota del Sur. Este monumento, además de ser bien particular, tiende a pasar desapercibido a uno como extranjero de ese país. Total, qué hay en Dakota del Sur además de pinos, ríos y este grandioso monumento. Sin embargo, la foto me causó mucha curiosidad y me puso a reflexionar sobre el asunto. La idea la concibió un historiador americano, Doane Robinson y llevada a cabo por el escultor Gutzon Borglum, en territorio que antes pertenecían a los indios Sioux y que ahora lleva el nombre de the Black Hill. El monumento fue aprobado y financiado por el Congreso de los Estados Unidos y comenzaron los trabajos en 1927 y en 1939 fue definitivamente completado. Quiero aprovechar para hablar un poco de los cuatro señores que han quedado inmortalizados en el granito de la montaña.

El primero de nuestros héroes es el extraordinario George Washington, nacido en la antigua colonia de Virginia en el año 1732. Si bien en principio se dedicó a la agricultura, dueño de varios esclavos en vista de que formaba parte de una acomodada familia sureña rural, en el año 52, tan pronto como a sus veinte años, se enlistó en la milicia virginiana con el rango de Mayor encargado del entrenamiento de milicias. Un año después fue encargado por el gobernador Robert Dinwiddie de entregar un ultimatum a tropas francesas que merodeaban en el valle del Ohio (en lo que es hoy Pennsylvania), territorio que reclamaban las colonias inglesas. En su misión, el temerario oficial novicio George Washington tuvo un intercambio de fuego con las tropas francesas y los puso a huír, sin sufrir bajas, quitó la vida a varios soldados de Francia. La prensa europea infló el acontecimiento lo cual enervó aún más las tenciones entre Francia y Gran Bretaña, momento que un ambicioso y turbulento rey de Prusia, Federico II el Grande, vio como momento oportuno e invadió Sajonia, motivo por el cual estalló la célebre Guerra de los Siete Años. Si nos remitimos a la fecha, el primer soldado que de hecho luchó en ese guerra fue el Mayor Washington en una oscura, apartada y desconocida frontera de los imperios coloniales anglo-franceses. Pero esa es otra historia. Washington tuvo una destacada carrera durante lo que los americanos llaman la Guerra Franco Indígena (en vista de que los franceses se hicieron en alianza con las naciones indias del oeste). Al finalizar la guerra nuestro héroe había ascendido a Brigadier General. En el período posterior se casó, se dedicó a sus negocios agrícolas, hasta que ocurrió lo mejor: estalló la rebelión en Massachusetts. No contaré la historia de la guerra que todos sabemos como terminó gracias al liderazgo de Washington. Se declaró la independencia en 1776, se expulsó a los británicos, se redactó una nueva constitución sin precedentes históricos y en el año 1789 (curiosamente año del estallido revolucionario en Francia) George Washington es juramentado Primer Presidente de los Estados Unidos de América.
Era un hombre muy alto, que no gustaba de usar pelucas, por lo que se teñia el cabello de blanco, que por cierto, lo tenía naturalmente rojo. Es raro imaginarse a George Washington como un pelirrojo, pero sí, aparentemente lo era. Un gran admirador del glorioso héroe de la antigua república de Roma Quincio Cincinato, siguiendo su ejemplo rechazó la posibilidad de un tercer período presidencial cuando pudo haber gobernado de por vida, y se regresó a sus tierras para terminar dedicándose a la agricultura. Un gran hombre de mucho carácter y extraordinario primer ejemplo para la recién nacida república de los Estados Unidos de América, renunció a su cargo como militar antes de aceptar la postulación a la presidencia. Murió en el año 1799.

El segundo de nuestros héroes en cuestión es mi norteamericano favorito: Thomas Jefferson, dejando en el modesto segundo puesto al inagotable General Robert Lee, pero de él hablaré en otro momento. Jefferson, al igual que Washington, era virginiano, pero de mucha mejor cuna. Nació el 13 de abril de 1743 y a la edad de nueve años ya estaba estudiando latín, griego y francés (que envidia), pero su papá murió cuando tenía tan solo catorce años. Le heredó una hacienda de más de dosmil hectáreas cuadradas y una muy nutrida población de esclavos. A los dieciséis años ya estudiaba en la universidad (College of William & Mary en Williamsburg para ser exactos) y se dedicaba a perfeccionar su griego, estudiar filosofía metafísica y ciencias naturales, leía los clásicos entre Homero, Tácito, Tito Livio, Cicerón y pare usted de contar. El más distinguido de su curso, era un estudiante obsesivo. A los veinticinco años comenzó la construcción de su famosa mansión Monticello, de estilo neoclásico, gastó fortunas en terminarla. Se convirtió luego en el centro de su gran plantación esclavista. Se casó con una viudita de veintitrés, tuvieron seis hijos, pero su querida murió luego del parto del último. Luego, durante su presidencia, la prensa amarillista lo atacó por haber tenido una supuesta relación con Sally Heming, una de sus esclavas, y haber procreado múltiples niños.
En el año 1774 ingresó a la política de su colonia en un ambiente convulsionado y crítico por los recientes impuestos declarados por el Parlamento Británico a sus colonias. Jefferson escribió su primer tratado publicado sobre los derechos de los británicos americanos en ese año, y en su escrito proponía la idea radical para aquel tiempo de que los colonos tenían un derecho natural a autogobernarse. ¡Vestigios de una mente republicana! Luego en el Congreso Continental formó parte de una comisión que le concedió la redacción de una declaración de independencia de Gran Bretaña y el resultado lo conocemos muy bien en nuestros días; uno de los documentos más bellos y sabios de la literatura política de aquellos años. Luego fue legislador en Virginia adelantando legislaciones reformistas muy liberales y de avanzada para su época. Luego fue gobernador de su estado del 79 al 81, sirvió como representante de Virginia ante el Congreso por un año (83-84), para ser luego embajador de Estados Unidos en Francia, puesto que no dejó de ser controversial pues, se cuenta que su amistad con el Marqués de La Fayette lo introdujo en a dinámica revoluionaria francesa y que incluso la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano fue redactada en su despacho diplomático. Es demasiado lo que se puede decir de Jefferson, pero no basta decir que fue Secretario de Estado del gobierno de Washington, tercer Presidente de los Estados Unidos por dos períodos, fundador del primer partido político norteamericano, compró la Luisiana a Bonaparte, fundó la que hoy en día es la Biblioteca del Congreso (la más grande del mundo) con sus propios libros, fundó la Universidad de Virginia (sueño que había tenido desde antaño), etc. Murió el 4 de julio (celebración de la independencia) de 1826, el mismo día que su íntimo amigo John Adams.

De Abraham Lincoln se puede contar una historia no menos gloriosa. Nació el 12 de febrero de 1809 en el Estado de Kentucky, en una cabaña de madera de una sola habitación de dos padres campesinos en condiciones modestas, por más que el padre fuera dueño de varios terrenos. Su familia se mudó para Indiana cuando no tenía más de siete años, por motivos que rápidamente entendió que tenían que ver con la esclavitud. Su padre, campesino medio, no podía competir con los cultivos de extensión explotados por masiva mano de obra esclava. Su madre murió cuando tenía tan sólo nueve años, pero se encariñó mucho con la esposa que luego esposó su padre. Años después la familia se mudó a Illinois huyendole a una peste. A los veintidos años Lincoln comenzó a dedicarse al comercio a través de la cuenca del Mississippi, y aunque su educación colegial fue muy escaza, era un lector autodidáctico muy apasionado. Era hábil con el hacha y el revólver, pero una característica particular de él es que no le gustaba cazar animales, ni siquiera por alimento. Aunque tuvo dificultades para conseguir una esposa estable (la primera novia murió muy pronto), logró establecer una familia, de la cual sólo sobrevivió hasta la adultéz uno de sus hijos; los demás muriendo prematuramete. Tan pronto como a los veintitrés años ya tenía ambiciones políticas y se postuló para la Asamblea General de Illinois, cargo al cual no accedió pero alcanzó una suma de votos respetable para los absolutamente nulos recursos pólíticos que manejaba. Lincoln hizo su campaña con lo poco que tenía dándole la vuelta a su estado. Dos años después, en 1834 sí ganó un puesto en la legislatura estadal. Luego logró iniciar sus estudios en derecho, carrera que logró perseguir exitosamente hasta convertirse en un abogado reputado por su capacidad por evaluar profundamente los argumentos y defender hábilmente sus casos. Luego fue escogido por cuatro períodos consecutivos a la legislatura estadal, lo cual demuestra que era un político con buen prospecto futuro. Ya en el 30 afirmó públicamente que se encontraba en contra de la esclavitud, y continuó defendiendo esta postura en un ambiente nacional que estaba cada vez más dividido. En el 46 fue escogido al Congreso de los Estados Unidos y sirvió por dos años e ingresó a la política nacional definitivamente.
De vuelta en Illinois se dedicó a ejercer el derecho lo cual lo hizo con muchísimo éxito por años, llegando a representar a grandes corporaciones. Sin embargo el caso de la Ley Kansas-Nebraska lo atrajo de vuelta a la política nacional. Se postuló al Senado como foribundo abolicionista pero desistió en su intento. El país estaba muy dividido, al borde de la separación por el asunto de la esclavitud. Hubo debates famosos en los que Lincoln participó y que hoy en día son recordados con cierta solemnidad, pero lo importante es que el partido Whig, al cual él pertenecía, se terminó de dividir por completo frente al tema de la esclavitud, y llegó la hora de formar un nuevo partido. El partido republicano fue fundado por Abraham Lincoln en medio de una constelación de partidos radicalmente abolicionaistas de Nueva Inglaterra. Sin embargo fue su partido republicano el que lo llevó a ganar la campaña electoral de 1860, momento en que la situación se hizo insostenible. En febrero de 1861 el estado de Carolina del Sur se declaró independiente de los Estados Unidos. En pocos meses se le unirían otros diez estados sureños y estallaría la cruenta y dolorosa Guerra Civil. Estados Unidos hubiera dejado de existir, pero en parte ese acontecimiento tan terrible no se dio, porque la causa de la unión tenía a un hombre tan determinado como lo fue Abraham Lincoln. Al final de todo el drama, Lincoln quizo viajar a la abandonada capital del sur Richmond, Virginia, y entró con un pequeño grupo de guardaespaldas. La ciudad estaba abandonada, pero cuando llegó al centro, aparecieron de las sombras decenas de negros esclavos que se acumularon alrededor de él clamándolo como el liberador, queriendo tocarlo y la guardia temerosa de un atentado, cuando de pronto un negro anciano penetra el anillo de seguridad y se arrodilla a los pies del presidente. Lincoln lo levanta y le informa que a partir de ahora es un hombre libre, ya no tiene que arrodillarse ante nadie. Lincoln fue asesinado de un tiro en la nuca el 15 de abril de 1865 por John Wilkes Booth mientras atendía a la Opera. No había terminado su período presidencial.

Nuestro cuarto héroe nació en el año 1858 en la familia Roosevelt acentada en Nueva York desde mediados del siglo XVII y llevó de nombre Theodore. Desde niño se sintió atraído por los animales y la biología en general, tanto así que llegó a organizar pequeñas exibiciones de animales que él mismo cazaba, diseccionaba y luego agrupaba. Desde niño recibió el sobrenombre de "Teddy" Se casó pero perdió a su mujer el segundo día luego de haber nacido su primera hija. Su madre había muerto el mismo día en la misma casa unas horas antes. El golpe emocional fue devastador, en el que en su diario dibujó ese día una gran X que ocupó toda la hoja. Fue un excelente estudiante de geografía, historia y biología pero muy deficiente en matemática, latín y griego. En 1876 entró a estudiar en Harvard. Además de destacarse en filosofía, ciencias naturales y oratoria, también se dedicaba a deportes; entre ellos el boxeo. Sin embargo concentró su estudio en el Arte de la Guerra, llegando a publicar su primer libro sobre la Guerra Naval de 1812 (año en que Bonaparte invadió el imperio Ruso con consecuencias catastróficas), y fue muy bien recibido por la crítica, tanto así que es considerado un clásico del estudio de la estrategia naval incluso en nuestros días. Durante éstos años estaba íntimamente vinculado a la pólítica como miembro del partido republicano. Legislador muy activo en la legislatura newyorkina. Ya como un actor importante en la política de su estado, en 1884 asistió a la convención nacional del partido. La experiencia de la política de partidos lo desestimuló lo suficiente como para querer retirarse a unas tierras que había comprado en Dakota del Norte, donde se dedicó tranquilamente a la cacería. Allí aprendió a montar caballo y a enlazar, adquieriendo todo el estilo de un baquero de western americano. En su exilio autoimpuesto vivió la experiencia de perseguir a un grupo de ladrones que penetraron en su propiedad. Se mantuvo despierto toda la noche espeándolos con un rifle, y para evitar dormirse leía la obra de Tolstoi. Casado una segunda vez, volvió a la política en la ciudad de Nueva York y logró hacerse presidente de la oficina de policía de la ciudad. Hablamos de un hombre que definitivamente tenía modales rudos, representaba ciertos dotes masculinos de su época. La policía reconocida como la más corrupta de los Estados Unidos (NYPD) fue reformada por el talante de hierro y la honestidad inquebrantable de Theodore Roosevelt en sus dos años en el cargo.
Siempre fascinado por la historia naval, fue escogido sorpresivamente, con ayuda de su amigo congresista Henry Cabot Lodge y el presidente William McKinley, Asistente de la Secretaría de la Naval en 1897. El carácter de Roosevelt era muy especial, entusiasta y partidario de la guerra, llegó a afirmar "yo debería siempre darle la bienvenida a cualquier guerra, porque creo que a este país le hace falta una." Al estallara la guerra contra España Roosevelt renunció de su cargo y reclutó voluntarios del oeste tanto como amigos de las universidades Ivy League, para formar un regimiento de caballería que fuera a combatir en Cuba. ¡Qué hombre aventurero! Mucho se podrá decir de Teddy Roosevelt, pero nunca que fue un cobarde. Durante la guerra fue nominado a la Medalla de Honor pero al final no se la otorgaron. Luego de la guerra fue elegido gobernador de Nueva York con lo que combatió con sus más apasionadas energías la corrupción de las maquinarias políticas. Ganó la vicepresidencia junto con el reelecto McKinley, pero éste murió protno en 1901 y él lo sucedió como presidente de los Estados Unidos. Ganó una reelección y gobernó hasta 1909. Fue partidario de una política imperialista y de utilizar todo el poder que los Estados Unidos había aglomerado hasta el momento para introducirse en el concierto de las naciones como una nueva potencia mundial, especialmente luego de haber barrido a España en la pasada guerra. Su política exterior hacia los países tercermundistas fue muy conocida como la doctrina del "gran garrote." La metáfora habla por sí misma. Fortaleció a los Estados Unidos y le dio el estatus de potencia mundial. Luego de su presidencia cometió empresas tan raras como una expedición científica que llevó a cabo en las profundidades de Brasil donde llegó a hacer descubrimientos renombrados. Verdaderamente, un científico desde niño, cazador apasionado, patriota foribundo, guerrero y político de honestidad intachable, Theodore Roosevelt se ha ganado tremendamente ese puesto al lado de los grandes en el Monte Rushmore.

Lo que más me gusta de este monumento con sus cuatro gigantes rostros mirando al firmamento, es cómo los americanos inmortalizaron a sus grandes héroes en el granito, en figuras que quién sabe por cuántos miles de años permanecerán allí. Para tener vidas finitas y a veces efímeras, el recuerdo de los grandes hombres tallada sobre la montaña es una muy cordial honra a los grandes hombres que formaron ese país, y el recuerdo será rescatado por quién sabe quién en un futuro que nos es completamente desconocidos.

4 comentarios:

Cayetano dijo...

Veo que nos traes hoy a los "padres" de la nación norteamericana -bueno, a los padres y a los hijos- . La independencia de los EEUU fue un hecho sin precedentes en nuestra historia contemporánea, de gran influencia en hechos posteriores como por ejemplo la Revolución Francesa o la emancipación de las colonias iberoamericanas. Una democracia joven donde los derechos de los negros y de los indios tendrían que esperar todavía un tiempo...
Saludos.

Thaelman dijo...

Los Estados Unidos ha sido una república que ha sabido democratizarse con el pasar de los tiempos, sin intentos abruptos anacrónicos que sólo debilitarían sus instituciones.

Colotordoc dijo...

Ese momumento plasma lo que a muchos se nos olvida: La historia de un país.
Hay veces que los gobiernos de turno, quieren borrar de golpe y porrazo la historia, porque no les conviene. Sucedio con las "democracias populares". Soy de los que piensan que independientemente de lo bueno o malo que haya sido un evento histórico, hay que sacar las conclusiones que nos permita, mejorar como nacion y como personas.
Saludos

Thaelman dijo...

Caramba compañero Manuel, no podría estar más de acuerdo con su opinión. La gente que se aproxima a la historia con su visión ética es completamente incapaz de percibirla originalmente. La historia debe ser percibida con una visión estética, por más contrario a nuestros principios éticos sea lo que estamos observando. Los que no lo logran están condenados al anacronismo absoluto, y sensillamente o les da rabia o no la entienden, así que les es imposible disfrutarla.