Pues vi Avatar una vez más, esta vez en 3D. Sinceramente me parece que la tercera dimensión no le agrega nada demasiado extraordinario a excepción de un par de tomas. Dentro de todo me gustó más en dos dimensiones, como se ven las películas tradicionalmente.
Pero no es eso exactamente de lo que quiero hablar. La película ha sido controversial, y críticas de todo tipo han salido a relucir. Todo el mundo está de acuerdo en que es la famosa historia de Pocahontas pero en el futuro y en otro planeta. Y es que el talento de Cameron consiste en contarnos historias tradicionales pero de maneras extraordinarias y excepcionalmente emocionantes. Es buen cuenta cuentos, además de un tremendo director de cine. Sin embargo, no fue sino hasta esta última vez que capté por completo la injusticia que subyace en la historia de Avatar, y el motivo por el cual a muchas personas esta película les pudo haber resultado desagradable.
Aquí en Estados Unidos muchos dijeron que la película tenía un mensaje antiamericano; que había una agenda liberal detrás de sus grandiosos efectos especiales; que criticaba descaradamente a la administración Bush, y otra cantidad de sandeces que se dijo al respecto. Sin embargo, no se puede negar, existe un mensaje explícito en la película, en las múltiples referencias al planeta Tierra como un planeta muerto, sin vida, destruido. El mensaje ecologista de la película es bastante evidente. Yo no tengo problema con ese mensaje, aunque no lo comparta del todo.
A lo que voy: esta película trata una historia que se ha repetido centenares de veces desde que el hombre es hombre. El encuentro entre una cultura altamente desarrollada y otra en un estado de primitivismo tecnológico. El resultado siempre es igual: la cultura más desarrollada aplasta a la más primitiva, dejando pocos o ningún rastro de ella. Avatar trata específicamente de la aniquilación de las tribus indígenas de América del Norte (con la excepción de que en la película ganan los aborígenes), a través de la muy conocida historia de Pocahontas. Sin embargo, la película contruye una historia a partir de elementos históricamente disconexos, pero que todos hacen referencia a los Estados Unidos. En una sola frase, Avatar es el siguiente escenario: la destrucción de los indios norteamericanos por tropas mercenarias de estadounidenses como Blackwaters, en búsqueda de un recurso energético muy valioso como el petróleo, cuyo resultado final es una derrota en escenario selvático como en Vietnam. ¿Suena absurdo? Es que es absurdo.
Los indios norteamericanos fueron aniquilados entre los siglos XVIII y XIX, pero por oleadas de colonos, familias armadas, muchas de ellas inmigrantes europeos, que a la caza de nuevas oportunidades iban masivamente en busca de tierras sin dueño. No fueron mercenarios pagados por ninguna compañía trasnacional los que eliminaron a los indios. Por su parte, los mercenarios de Avatar se parecen más a organizaciones como Blackwater, grupo de mercenarios privados que han tenido una participación más o menos condenable en la actual ocupación norteamericana de Irak. En Avatar, la teoría que sostiene que los Estados Unidos invadió a Irak para asegurarse el petróleo se parece mucho más al motivo por el cual estas tropas de mercenarios viajan a Pandora en búsqueda de unobtanium. Esto sumado a un par de comentarios que refieren a la guerra contra el terror, vocabulario de la administración Bush, nos da a entender que Cameron está asumiendo una postura claramente política ante el tema. Y por último, una guerra asimétrica en escenario selvático en el que la población indígena, con una moral superior y un espíritu de sacrificio inquebrantable derrotan a los más avanzados terrestres, resultado que se parece mucho a la derrota de los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam.
Mi punto es, James Cameron es un tremendo director, pero también es un vivo. En Avatar se hace con todas las historias negras de los Estados Unidos y las unifica de manera coherente en una sóla película de ciencia ficción, con efectos especiales de última tecnología y con un guión maravillosamente construido. El resultado, una visión parcializada y anti-americana que resulta altamente sospechoza, por más que la película, en tanto obra de arte, sea espectacular.
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domingo, 11 de julio de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
La ganadora de anoche
Como es natural, es hora de hablar un poco de los premios Oscar. El evento como tal siempre me ha parecido aburrido. Todos los años es idénticos al anterior; lo único que cambia son las películas (en eso se parece al Miss Universo). Incluso hasta los chistes, que sólo los hollywoodófilos lograrían entender, parecen reciclados una y otra vez. En general el evento me parece una gran banalidad, lo cual no es necesariamente malo, pero no soy aficionado a este tipo de eventos.
Anoche ganó la película que yo tenía como favorita: The Hurt Locker. No tanto por la ironía de que el gran premio se lo haya ganado Kathryn Bigelow, la exesposa de James Cameron, el cual se quedó, junto a su maravillosa película Avatar, con los crespos hechos. Cameron es un gran artista; de eso no hay duda. Y aunque Avatar ha marcado un hito en el cine desde el momento en que fue estrenada y reventó la taquilla como nunca se había visto antes, hay que concederle su mérito a la original película de Kathryn. The Hurt Locke es un homenaje al heroísmo de los soldados estadounidenses, no un elogio a la controversial política exterior de una administración ya culminada. Y es en esto donde reside su importancia. El premio que anoche le fue concedido a esta película (hablo en singular porque es el conjunto de premios el que conforma la unidad de la película más premiada por la Academia) eleva este homenaje a una condición privilegiada; y redime, al menos un poco, al izquierdismo de Hollywood, que en su momento fue injustamente mezquino con el esfuerzo de aquellos ciudadanos estadounidenses que ponían su vida en peligro para defender la causa de la libertad americana. Hay quienes dicen que esto es la típica hipocrecía gringa. Puede ser cierto. Pero no soy quien para emitir un juicio sobre la hipocrecía de nadie (no hay nada más hipócrita que tildar a alguien de hipócrita).
En definitiva, considero que Avatar tiene una importancia histórica incalculable en el presente, pero la necesidad coyuntural de conmemorar el esfuerzo y sufrimiento de unos soldado que, siendo abandonados por el gigantesco lobby mediático de la izquierda estadounidense, han obtenido de parte de la cúspide de este lobby un honorable reconocimiento a través de esta grandiosa película The Hurt Locker. No sólo es una producción magnífica, pues, también integra un contenido intimista y muy profundo de la dura experiencia de la guerra y de lo que implica el servicio a la república. La libertad no es gratuita; nunca lo ha sido. Por eso hay pueblos que prefieren hipotecarla al que ofrezca a cambio seguridad y tranquilidad. Pero las grandes repúblicas se hacen es con libertad, y aceptan con orgullo pagar el precio que ella exige: de esto se trata The Hurt Locker.
Anoche ganó la película que yo tenía como favorita: The Hurt Locker. No tanto por la ironía de que el gran premio se lo haya ganado Kathryn Bigelow, la exesposa de James Cameron, el cual se quedó, junto a su maravillosa película Avatar, con los crespos hechos. Cameron es un gran artista; de eso no hay duda. Y aunque Avatar ha marcado un hito en el cine desde el momento en que fue estrenada y reventó la taquilla como nunca se había visto antes, hay que concederle su mérito a la original película de Kathryn. The Hurt Locke es un homenaje al heroísmo de los soldados estadounidenses, no un elogio a la controversial política exterior de una administración ya culminada. Y es en esto donde reside su importancia. El premio que anoche le fue concedido a esta película (hablo en singular porque es el conjunto de premios el que conforma la unidad de la película más premiada por la Academia) eleva este homenaje a una condición privilegiada; y redime, al menos un poco, al izquierdismo de Hollywood, que en su momento fue injustamente mezquino con el esfuerzo de aquellos ciudadanos estadounidenses que ponían su vida en peligro para defender la causa de la libertad americana. Hay quienes dicen que esto es la típica hipocrecía gringa. Puede ser cierto. Pero no soy quien para emitir un juicio sobre la hipocrecía de nadie (no hay nada más hipócrita que tildar a alguien de hipócrita).En definitiva, considero que Avatar tiene una importancia histórica incalculable en el presente, pero la necesidad coyuntural de conmemorar el esfuerzo y sufrimiento de unos soldado que, siendo abandonados por el gigantesco lobby mediático de la izquierda estadounidense, han obtenido de parte de la cúspide de este lobby un honorable reconocimiento a través de esta grandiosa película The Hurt Locker. No sólo es una producción magnífica, pues, también integra un contenido intimista y muy profundo de la dura experiencia de la guerra y de lo que implica el servicio a la república. La libertad no es gratuita; nunca lo ha sido. Por eso hay pueblos que prefieren hipotecarla al que ofrezca a cambio seguridad y tranquilidad. Pero las grandes repúblicas se hacen es con libertad, y aceptan con orgullo pagar el precio que ella exige: de esto se trata The Hurt Locker.
domingo, 21 de febrero de 2010
Tarantino el Nefasto
Muy bien, no me puedo aguantar. Tengo que hablar de la última producción de Tarantino, Inglorious Basterd. Normalmente yo no comentaría las películas que me parecen malas. Sin embargo, ha surgido todo un movimiento de opinión en favor de un film tan lamentable, y la insistencia en las supuestas virtudes de lo que para mí es una de las películas más despreciables que he visto en años, que me veo en la obligación de explicar por qué detesto Inglorious Basterd.
El motivo es sencillo. Tarantino se burla de manera descarada de la inteligencia del público. Tarantino le está escupiendo en el rostro a su audiencia, la cual le devuelve el favor con aplausos y ovaciones.
1) A las personas que disfrutamos la historia, con frecuencia tiende a gustarnos mucho. Y cuando la historia se expresa a través de un género artístico, confiamos en que dicho género haga justicia al drama humano representado en la historia. No se trata de que los cineastas sean historiadores, ni las películas documentales. No. Se trata de que el arte sea un medio justo y virtuoso para la expresión de los acontecimientos pasados. De tal manera que una película podría ser de humor, y usar la historia para contar una comedia. De la misma manera podría usarse la propia historia para contar una tragedia. Inglorious Basterds no hace ni lo uno, ni lo otro. Esta película de Tarantino no hace otra cosa que burlarse de la historia misma. No usa la historia para contar ninguna comedia o tragedia. Es una expresión arrogante y despectiva sobre acontecimientos cuya gravedad todos muy bien conocemos. Y hay que decirlo: esto no es una tragedia, ni una comedia. Es una burla. Entonces cómo puede a alguien que le guste y admire la historia sentir gusto por una expresión artística que escupe y desprecia tanto la belleza como la gravedad de una historia tan real e impresionante, que fue el nazismo.
2) Sé que no todo el mundo sabe la diferencia entre nazi y soldado-alemán-de-la-Segunda-Guerra. Y sin duda, o Tarantino no la conoce, o sabiéndolo tiene el descaro de pretender lo contrario. El término nazi se utiliza para personas comprometidas con el partido Nacional Socialista Alemán. Nazi es un político; alguien inscrito en el partido, como lo son hoy los miembros de los distintos partidos liberales, socialistas, demócratas o republicanos. De tal manera, con la palabra nazi se le dice a alguien comprometido con el régimen y con su líder, Hitler. Un soldado alemán es, por el contrario, un ciudadano común que nació en una época donde su país inició una guerra. Independientemente de los motivos de la guerra, el ciudadano responsable acude al llamado de su nación, esté o no con el partido gobernante. La diferencia es clarísima, porque los nazi usaban uniformes diferentes e insignias diferentes que los oficiales y soldados de la Wehrmacht, que no necesariamente eran nazis. En Inglorious Basterds existe un uso indiscriminado, casi racista, de la palabra nazi. De tal manera los personajes van por allí matando y mutilando a jóvenes y soldados alemanes cualquiera, en una supuesta cacería de nazis. Esto es un uso despectivo y perverso de las realidades, como si todos los alemanes fueran nazis, asesinos de judíos (y es verdad también lo contrario. Al generalizar la palabra nazi, su significado concreto, con todas las repercusiones morales que implica, es banalizada y reducida en gravedad); todo lo cual es una vil mentira. Vil porque es racista y mentira porque los soldados de la Wehrmacht no eran necesariamente nazis, cosa que la película implica. Tarantino humilla y confunde de forma grotesca la identidad alemana con la perversa ideología nazi.
3) La película no tiene ningún propósito fuera de un placer sádico por la violencia y el sufrimiento humano. El nazismo ha sido uno de los fenómenos políticos más delicados y graves que se haya dado en la historia de Occidente. La caricaturización de un fenómeno tan preocupante -pero no para hacer con ella una comedia graciosa y simpática que nos recuerde con risas lo que ha sido motivo de llanto -la consecutiva banalización de un período muy oscuro y muy reciente, para la construcción de una historia irreal, sin sentido aparente y que, al final, sólo busca alimentar el culto patético que existe hacia el cine de Tarantino, es motivo del más serio de los reproches. Tarantino, que ha demostrado cierta experticia en el manejo del género de violencia, con Inglorious Basterds demuestra quién es exactamente: un cínico ignorante sin respeto por nada noble ni pudor por los perverso, sádico y elemental, que somete a la audiencia a una demostración infinita de idiotez. Queriéndo ser un iconoclasta, un provocador, resulta ser un patán repugnante, e Inglorious Basterds produce un deplorable asco.
Esta película debería ser condenada por lo grave de sus implicaciones morales. En cambio, el público aplaude a este chiste de director.
El motivo es sencillo. Tarantino se burla de manera descarada de la inteligencia del público. Tarantino le está escupiendo en el rostro a su audiencia, la cual le devuelve el favor con aplausos y ovaciones.
1) A las personas que disfrutamos la historia, con frecuencia tiende a gustarnos mucho. Y cuando la historia se expresa a través de un género artístico, confiamos en que dicho género haga justicia al drama humano representado en la historia. No se trata de que los cineastas sean historiadores, ni las películas documentales. No. Se trata de que el arte sea un medio justo y virtuoso para la expresión de los acontecimientos pasados. De tal manera que una película podría ser de humor, y usar la historia para contar una comedia. De la misma manera podría usarse la propia historia para contar una tragedia. Inglorious Basterds no hace ni lo uno, ni lo otro. Esta película de Tarantino no hace otra cosa que burlarse de la historia misma. No usa la historia para contar ninguna comedia o tragedia. Es una expresión arrogante y despectiva sobre acontecimientos cuya gravedad todos muy bien conocemos. Y hay que decirlo: esto no es una tragedia, ni una comedia. Es una burla. Entonces cómo puede a alguien que le guste y admire la historia sentir gusto por una expresión artística que escupe y desprecia tanto la belleza como la gravedad de una historia tan real e impresionante, que fue el nazismo.
2) Sé que no todo el mundo sabe la diferencia entre nazi y soldado-alemán-de-la-Segunda-Guerra. Y sin duda, o Tarantino no la conoce, o sabiéndolo tiene el descaro de pretender lo contrario. El término nazi se utiliza para personas comprometidas con el partido Nacional Socialista Alemán. Nazi es un político; alguien inscrito en el partido, como lo son hoy los miembros de los distintos partidos liberales, socialistas, demócratas o republicanos. De tal manera, con la palabra nazi se le dice a alguien comprometido con el régimen y con su líder, Hitler. Un soldado alemán es, por el contrario, un ciudadano común que nació en una época donde su país inició una guerra. Independientemente de los motivos de la guerra, el ciudadano responsable acude al llamado de su nación, esté o no con el partido gobernante. La diferencia es clarísima, porque los nazi usaban uniformes diferentes e insignias diferentes que los oficiales y soldados de la Wehrmacht, que no necesariamente eran nazis. En Inglorious Basterds existe un uso indiscriminado, casi racista, de la palabra nazi. De tal manera los personajes van por allí matando y mutilando a jóvenes y soldados alemanes cualquiera, en una supuesta cacería de nazis. Esto es un uso despectivo y perverso de las realidades, como si todos los alemanes fueran nazis, asesinos de judíos (y es verdad también lo contrario. Al generalizar la palabra nazi, su significado concreto, con todas las repercusiones morales que implica, es banalizada y reducida en gravedad); todo lo cual es una vil mentira. Vil porque es racista y mentira porque los soldados de la Wehrmacht no eran necesariamente nazis, cosa que la película implica. Tarantino humilla y confunde de forma grotesca la identidad alemana con la perversa ideología nazi.
3) La película no tiene ningún propósito fuera de un placer sádico por la violencia y el sufrimiento humano. El nazismo ha sido uno de los fenómenos políticos más delicados y graves que se haya dado en la historia de Occidente. La caricaturización de un fenómeno tan preocupante -pero no para hacer con ella una comedia graciosa y simpática que nos recuerde con risas lo que ha sido motivo de llanto -la consecutiva banalización de un período muy oscuro y muy reciente, para la construcción de una historia irreal, sin sentido aparente y que, al final, sólo busca alimentar el culto patético que existe hacia el cine de Tarantino, es motivo del más serio de los reproches. Tarantino, que ha demostrado cierta experticia en el manejo del género de violencia, con Inglorious Basterds demuestra quién es exactamente: un cínico ignorante sin respeto por nada noble ni pudor por los perverso, sádico y elemental, que somete a la audiencia a una demostración infinita de idiotez. Queriéndo ser un iconoclasta, un provocador, resulta ser un patán repugnante, e Inglorious Basterds produce un deplorable asco.
Esta película debería ser condenada por lo grave de sus implicaciones morales. En cambio, el público aplaude a este chiste de director.
martes, 16 de febrero de 2010
La Obra Maestra de PIXAR

Desde hace unos meses para acá he tenido la oportunidad de ver varias veces la hermosa película de PIXAR titulada Wall-E. Desde el primer momento he querido comentarla, pero luego de haberla visto hace un par de noches me doy cuenta de que es, sin duda, mi película animada preferida, por el momento. Y puedo ir más allá. Wall-E es, además, mi película romántica preferida, y una de mis películas favoritas de ciencia ficción. Porque el tema de esta maravillosa película no sólo es el género animado infantil, sino que encubre a su vez una trama de amor de sutileza enternecedora, y un contenido en ciencia ficción interesante y crítico. Es un recordatorio de que los recursos del planeta Tierra son escasos y que la cultura absolutista del consumismo utilitario desemboca en la obesidad más alienante.
Lo que más encanta, en principio, es que la primera mitad de la película es muda. El personaje, un pequeño y dulce robot recolector de basura, viejo y destartalado, vive sólo en la costa este de los Estados Unidos, cumpliendo por siglos con su mecánica misión de almacenar basura, mientras es alimentado con energía solar. Su única compañera es una minúscula cucaracha que dista mucho de ser repugnante. De repente una nave desciende desde el espacio y deja en la Tierra a un ultra moderno robot que parece más un ipod que otra cosa. Este nuevo compañero es, de hecho, un modelo femenino de nombre "Eva". Las secuencias que avanzan a partir de aquí son un descubrimiento de los dos robots, hasta el punto en que Wall-E se enamora de Eva. Es impresionante que todo esto sucede sin habla, y el rostro de cada uno se limita a sus ojos. Estos elementos son lo único indispensable para construir una enternecedora relación entre los dos personajes mecánicos. Lo que sigue es un viaje al espacio, y la segunda mitad de la película que se desarrolla en una ciudad espacial habitada por humanos reducidos a una condición de consumismo alienante. Todos son obesos e ignorantes. El argumento con la llegada de Wall-E es que, totalmente ingenuo a los acontecimientos de su alrededor, y movido exclusivamente por su enamoramiento con Eva, logra convencer a la humanidad de regresar a la tierra y revivir el planeta.
Es una historia bellísima con secuencias fascinantes. La que más me conmueve es la danza que hacen Eva y Wall-E en el espacio alrededor de la gigantesca ciudad espacial luego de que este logra salvar de la destrucción la única planta que Eva rescató de su estadía en la Tierra. Toda la vida de la película es alimentada con el talentosísimo diseño de todos los robots, los cuales logran representar de maravilla los estereotipos de personas y profesiones. Sin duda una obra de creatividad apasionante y cuya historia es de una dulzura conmovedora. No dejen de verla.
martes, 19 de enero de 2010
Drácula, fama universal

Desde temprano el mito de los vampiros fue uno de mis preferidos. En general yo era el tipo de niño que gustaba de las películas de terror, los monstruos y los aliens, en vez de los super héroes, los G.I. Joe o los soldaditos de plomo. Lo mío eran los "bad guys". Y hasta ahora siempre se ha mantenido mi personaje preferido de todas estas historias de terror y fantasía el tan conocido y popular Conde Drácula. Uno de los personajes que más versiones cinematográficas ha producido, en sus más distintas versiones, desde Nosferatu de Murnau hasta Bram Stoker's Dracula de Coppola. Y es que la historia de Drácula se nos ha presentado a veces de manera magistral, y otras en películas "pop" de deplorable calidad. Desde el clásico monstruo proveniente de la oscuridad de las montañas de Wallachia hasta el rockero metrosexual de las novelas de Anne Rice.
Todo comenzó con un emprendedor escritor en la Inglaterra victoriana cuando publicó su novela que se convirtió hasta hoy en uno de los géneros más populares de la literatura de terror. Bram Stoker, de origen irlandés, director de teatro, se cautivó por los mitos rumanos de los rincones más aislados del Imperio Austro-Húngaro, sobre estos cadáveres que despiertan de noche y merodean en la oscuridad buscando entre los vivos a una presa de quien alimentarse bebiendo su sangre. La imagen se ha hecho tan popular que hasta se nos presenta de manera jocosa. Pero piensen lo que habrá sido para el curioso inglés de finales de siglo XIX la idea de estos monstruos. La fórmula de Stoker fue explosiva. Juntó el mito de los vampiros con uno de los personajes más famosos y controversiales de la historia de Rumania; Vlad Tepes Dracul. Por lo demás la novela es excelente y verdaderamente terrorífica en algunas partes. Para los aficionados a la literatura de terror, este es un clásico que no se puede pasar por alto.
En todo caso, la imagen mística del guerrero que empalaba a sus enemigos a las afueras de su castillo, y acompañaba sus comidas con la sangre de los caídos, luego vuelto desde la muerte en la forma de un demonio que depreda las calles de la poderosa Londres y arruina la vida de más de una familia, es sin duda una historia tremenda que da mucho para comentar. No sólo la novela es genial, contada, como era usual en la literatura inglesa de aquellos años, en primera persona a través de las experiencias de los personajes plasmadas en sus diarios y cartas. Por lo demás, en mi opinión, hasta ahora la película más fiel a la novela es la dirigida por Coppola de 1992, con Gary Oldman como Drácula, Winona Ryder como Mina y el legendario Anthony Hopkins como el Profesor Van Helsing. Ganadora de tres premios de la Academia, es una película que deben ver.
martes, 22 de septiembre de 2009
¿La lista de Schindler?

Viendo la lista del American Film Institute de las mejores cien películas del cine siempre me viene a la mente la siguiente pregunta sin respuesta. ¿Qué hace la Lista de Schindler de octavo? Es decir, esta es una buena película que a mí particularmente no me gusta, no por nada de inherente a ella, sino por estar en este puesto. La ví hace un tiempo, recuerdo que me pareció excelente, pero... ¿¿¿octavo puesto???
Recordemos un poco la lista que no es nada difícil de conseguir. De primero tenemos lo grandes clásicos pues, Citizen Kane, Casablanca, Lo que el Viento se llevó, El Padrino, Lawrence de Arabia, Raging Bull, Cantando bajo la Lluvia; por lo demás películas espectaculares todas desde que comienzan hasta que terminan. Bueno, luego de la maravillosa Lawrence of Arabia aparece orgullosamente allí: "La Lista de Schindler".
Mencionemos algunas de las películas que están detrás: Psicosis, Chinatown, 2001: Odisea del Espacio, El Mago de Oz, Dr. Strangelove, Apocalipse Now y un poco más abajo Doctor Zhivago, Taxi Driver, Amadeus, El Silencio de los Inocentes, Patton y hasta Titanic entre muchas otras. Me pregunto yo, ¿qué tienen éstas películas que envidiarle a la Lista de Schindler? ¿Por qué esta gente considera que Psicosis o Chinatown deben estar al menos dies puestos por debajo.
Hablemos un poco sobre la película en cuestión. Es de 1993, y está en el top 10 con otras nueve películas todas anteriores a 1972, año del Padrino 1, (excepción de Ragin Bull de 1980 que fue agregada al cuarto puesto en el año 2007. En el 98 estaba de 24 y la Lista de Schindler de noveno). Es decir, entre las diez mejores películas la Lista de Schindler escala un puesto en la revisión y se encuentra con una liga de clásicos de 1939, 1941, 1942, 1952, 1958, 1962, 1972 y con la recién llegada Raging Bull de 1980. ¿Por qué esta gente le da tanta importancia a esta película que parece una adolecente quinceañera al lado de veteranos de más de cuarenta, cincuenta y sesenta años en el cine!
La película es muy buena, repito, pero es mi opinión que está completamente sobreestimada para estar jugando en esa liga. Me pareció un poco demasiaod larga, y es muy muy manipuladora. Debe ser porque a mi no me gusta Spielberg para nada, pero si les soy sincero, me gustó más el Pianista de Polansky. ¡Y del mismo director Chinatown me pareció tanto mejor o Psicosis de Hitchcock! Además, el final de la Lista de Schindler es tan pero tan pero taaan cursi. ¡Es demasiado desagradable!
Tengo una "teoría" para este fenómeno tan extravagante. El lobby cinemátográfico de Spielberg y los judíos liberales por un lado, y un prejuicio ridículamente arraigado en la mente de los gringos respecto al holocausto. Esta es la película más extravagante que veremos del tema, y Spielberg que es buen director, pero creo que está sobreestimado, metió la mano hasta el fondo para que su película panhebrea favorita estuviera en una liga donde está fuera de lugar. De verdad, para mí esta película sería mejor si no estuviera en ese puesto, porque me da tanta rabia que sea tan sobreestimada y admirada cuando la verdad no es la gran vaina. No puedo con Spielberg y su melodrama. Yo le daría a esa película un puesto veinte, pero esta gente la pone de octavo.
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